Carta del arzobispo de Urgell: «La belleza de la transmisión de la vida cristiana»

Joan Enric Vives reflexiona sobre la transmisión de la fe y nos recuerda que Dios es la mayor belleza y todo lo que existe participa de su ser y también de su belleza y bondad

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Tanto en las Jornadas diocesanas de Teología de agosto de este año, como en el encuentro diocesano de Catequistas de hace tres semanas, el Obispado de Urgell ha fijado su reflexión sobre el tema de la belleza, en la perspectiva de la transmisión de nuestra fe y el testimonio que debe acompañarle siempre. El ser es uno, bueno, verdadero y bello, y todos éstos, se encuentran en Dios, la suma unidad, bondad, verdad y belleza. Podemos darnos cuenta de que la transmisión de la fe y los valores comunes a través de la belleza, y en concreto del arte cristiano, ayuda a los católicos a mantenernos unidos, forma parte de nuestra cultura católica. Nos ha ayudado personas preparadas: los profesores Rosa Ribas, Francesc Torralba y Eloi Aran, que expusieron unas reflexiones interesantes y complementarias.

En las Jornadas para los Catequistas, el profesor Eloi Aran centró su intervención en glosar 4 aspectos de la belleza de la transmisión de la vida cristiana: la belleza del testimonio (martyria); la belleza del mensaje (kérygma); la belleza del servicio (diakonia) y la belleza de la celebración litúrgica (leiturgia). Al final cerró sus aportaciones con una invitación a destacar la belleza del Evangelio de Jesús, y con un breve decálogo de compromisos por si nos ayuda y queremos hacerlo nuestro:

  1. Buscar la belleza de Dios dondequiera que estemos, tanto en la naturaleza como en las personas.
  2. Dar testimonio de la belleza del Evangelio y ofrecerlo con sencillez a nuestros contemporáneos.
  3. Contemplar la belleza en la vida de cada niño y joven, en cada hermano que nos rodea, que se nos encomienda en nuestra labor de servicio o evangelizadora.
  4. Confiar en que bello es también todo aquello que en el servicio y la entrega se nos presenta como una carga menos agradable o que nos molesta.
  5. Agradecer la belleza de las buenas acciones allá donde nos encontremos.
  6. Comunicar la belleza del patrimonio cultural religioso que nos han legado los antepasados y que debemos mantener y transmitir.
  7. Participar gozosamente en las tradiciones y celebraciones litúrgicas de la fe, recreando un espacio y un tiempo de belleza y de fiesta.
  8. Poner belleza en la atención y la acogida de toda persona, viendo un hermano, cuando nos relacionamos unos con otros.
  9. Dejar a un lado la belleza como un mero instrumento para conseguir nuestros fines.
  10. Crear cosas bellas como hermosa es la Creación y el Creador que nos la regala.

La belleza y la bondad se relacionan, y así como existen grados de bondad, también los hay de belleza. Dios es la mayor belleza y todo lo que existe participa de su ser y también de su belleza y bondad. Él es la fuente y la cima de toda belleza, decía San Juan Pablo II a los artistas. La Creación es imagen y representación de Dios. Por eso a partir de la belleza de lo creado —imágenes o huellas de Dios—, podremos inferir la existencia de Dios, de Aquel que la ha causado y que es el Ser más grande y el más bello. Y «¿cuál será la belleza que salvará al mundo?». Y Fiódor Dostoyevski responde al príncipe Mixkin: «¡Cristo! ¡No hay otra belleza en el mundo que pueda salvarlo sino Nuestro Señor Jesucristo!» (El Idiota, 1868).



+ Joan Enric Vives Sicilia

Arzobispo, obispo de Urgell

Religión