Asamblea Diocesana de Cáritas

Asamblea Diocesana de Cáritas

Agencia SIC

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Mons. Salvador Giménez Hace unos días tuve el privilegio de asistir, y de presidir, la Asamblea de Cáritas que nuestra diócesis organiza cada tres años. Allí se encontraban voluntarios, empleados, responsables, técnicos y simpatizantes de esta organización caritativa de la Iglesia católica.

No quiero hacer una crónica de lo que sucedió en esa reunión del sábado de noviembre. Independientemente del relato de los proyectos y realizaciones que han culminado y de las obras bien hechas en el servicio a los demás me parece más importante todavía resaltar la actitud, llena de alegría, de los que allí se encontraban. Mirando los rostros de los presentes, jóvenes y entrados en años de servicio, se vislumbraba mucha satisfacción y gozo por todo lo realizado, tanto en las parroquias como en las oficinas centrales de Cáritas, y me preguntaba cómo tanta gente se muestra satisfecha y llena de felicidad por el mero hecho de hacer el bien a los hermanos y sirviendo a quienes más lo necesitan.

Es cierto que el ser humano es capaz de realizar lo más noble y lo más abominable. De elevarse hasta el cielo o de caer en los más oscuros abismos. De aparecer como un redomado egoísta o por el contrario manifestar una ilimitada solidaridad y caridad con el prójimo. Podríamos poner multitud de ejemplos: personas que abusan de los refugiados y también personas que entregan su vida para recoger y salvar a los que llegan en pateras; personas que se organizan en mafias para la trata de seres humanos y también personas que acogen y acompañan tratando a todos como hermanos; personas que violentan y explotan a los niños y también personas que muestran una infinita dedicación a su educación y crecimiento; personas que cobran por todo, incluso a los más pobres y también personas que muestran un ilimitado altruismo y generosidad hacia los demás; personas que esclavizan y también personas que liberan dando sentido pleno a la dignidad humana.

Es la cara y la cruz de la misma moneda que utiliza el ser humano en gran cantidad de ocasiones. Los cristianos, siguiendo los pasos de Jesús, nos esforzamos a diario en reducir los aspectos negativos que anidan en el corazón humano y en potenciar la belleza y la grandeza de la caridad que dignifica al género humano y los transforma en garantía y base de fraternidad.

Y esa era la línea de actuación y el espíritu que se respiraba en la Asamblea. Es una aportación inmensa que realizan a la sociedad las personas y grupos de Cáritas. Sin falsas presunciones ni elogios desmedidos que no entran en la dinámica del Evangelio, me siento obligado a pedir un reconocimiento expreso a tan buena y necesaria actuación. También es necesario que agradezca en nombre de todos tantos actos de servicio y dedicación al prójimo.

Termino esta breve reflexión solicitando mayor colaboración a más gente. Es importante extender la red de generosidad y entrega en estos momentos. Y siempre. Vale la pena apostar por el aumento del número de personas dedicadas a los demás. Recordad que en el Plan Pastoral para este trienio nos proponíamos como objetivo que cada cristiano examinara su vida y aumentara su compromiso de atención al prójimo; al mismo tiempo que esa misma actuación hiciera posible que otras personas, siguiendo su ejemplo, se sumaran a la colaboración que les piden.

Gracias por vuestra alegría y dedicación. Que el Señor premie todos vuestros afanes y proyectos en favor de los más necesitados de nuestra sociedad.

+Salvador Giménez,

Obispo de Lleida

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