Qué dice el Papa Francisco sobre la admisión de personas homosexuales en los seminarios

En 'La fuerza de la vocación', Fernando Prado recoge la entrevista al Papa en la que han hablado sobre el acceso al sacerdocio de personas homosexuales

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Tiempo de lectura: 4' Actualizado 03 dic 2018

Existen personas homosexuales dentro del clero y la vida religiosa. Es una realidad, como afirma el propio Papa Francisco. Así lo ha expresado el Pontífice en una entrevista con Fernando Prado. Se pueden leer estas palabras en 'La fuerza de la vocación',  el libro que se publica como resultado de los diálogos entre el claretiano y el Santo Padre. 

"A los curas, religiosos y religiosas homosexuales, hay que urgirles a vivir íntegramente el celibato y, sobre todo, que sean exquisitamente responsables, procurando no escandalizar nunca ni a sus comunidades ni al santo pueblo fiel de Dios viviendo una doble vida. Es mejor que dejen el ministerio o su vida consagrada antes que vivir una doble vida", afirma el Papa. Es decir, la exigencia de vivir el celibato es común para todas las personas que quieran ser religiosos.

Existen varios documentos en la Iglesia que hablan sobre la educación en los seminarios y los criterios de discernimiento vocacional. En la Instrucción de 2005 de la Congregación para la Educación Católica, se hace especial énfasis en diversos puntos importantes a la hora de la admisión al seminario de personas homosexuales.

Una de las actitudes que surge del deseo de querer ser sacerdote es entregar la vida por completo a Dios. Por ende, surge de aquí el deseo del celibato, igual para todas las personas. Por lo tanto, hay determinadas actitudes de cualquier persona, que pueden impedir el llevar a buen puerto esa vocación. Son muchas, pero el Papa cita un apartado específico donde distingue a "quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay", de las personas homosexuales.

Para las personas incluidas en el primer grupo, la normativa eclesial vigente establece que no pueden ser admitidos "al Seminario y a las Órdenes Sagradas", igual que no serían aceptadas personas que no hayan llegado a la madurez afectiva o que su tendencia heterosexual les lleve a no vivir la vocación del sacerdocio correctamente. Con respecto a las personas homosexuales sin tendencias arraigadas, se les ayuda a determinar que su vocación es de verdad la del sacerdocio, como a cualquier otro candidato. Por tanto, se deduce de esta aclaración, que cualquier persona que de verdad quiera y entienda el sacerdocio o la vida religiosa, puede entrar en un seminario católico. 

Estos criterios sobre el discernimiento vocacional no son solo para las personas homosexuales. Se piden estas 'condiciones' a todos los candidatos, con el fin de ayudar a todos a discernir su vocación. Este documento también recoge lo siguiente, y podría referirse a cualquier candidato: "El candidato al ministerio ordenado debe, por tanto, alcanzar la madurez afectiva."

También asegura que "es grave deber del rector y de los demás formadores del Seminario el discernimiento de la vocación y de la madurez del candidato. Antes de cada Ordenación, el rector debe expresar su juicio sobre las cualidades requeridas por la Iglesia."

"La homosexualidad es una cuestión muy seria"

"La cuestión de la homosexualidad –dice el Papa en la entrevista con Fernando Prado– es una cuestión muy seria que hay que discernir adecuadamente desde el comienzo con los candidatos, si es el caso. Hemos de ser exigentes. En nuestras sociedades parece incluso que la homosexualidad está de moda y esa mentalidad, de alguna manera, también influye en la vida de la Iglesia".

En los seminarios y noviciados "tenemos que cuidar mucho la madurez humana afectiva" de todos los candidatos, porque de lo contrario, advierte, los problemas "en el momento quizá no dan la cara, pero después aparecen". Esto que dice el Papa es importante, ya que esos problemas impedirían a la persona llevar a plenitud su vocación y, por tanto, se harían daño a sí mismos y a los demás.

El Papa relata un encuentro con un superior religioso que, "de visita canónica a una de las provincias de su congregación, se había quedado sorprendido. Él veía que había buenos chicos estudiantes y que incluso algunos religiosos ya profesos eran gays. Él mismo dudaba de la cuestión y me preguntó si en ello había algo malo."

"“En definitiva –decía religioso– no es tan grave; es tan solo expresión de un afecto. Esto es un error. No es solo expresión de un afecto. En la vida consagrada y en la vida sacerdotal, ese tipo de afectos -las tendencias homosexuales arraigadas- no tienen cabida. Por eso, la Iglesia recomienda que las personas con esa tendencia arraigada no sean aceptadas al ministerio ni a la vida consagrada. El ministerio o la vida consagrada no es su lugar", recoge Prado de las palabras del Papa. Igual que no sería el lugar para una persona que no quiera vivir en castidad, sea cual sea su tendencia sexual.

La necesidad de vocaciones verdaderas

El problema de base es, por tanto, la calidad de las vocaciones al sacerdocio, comprender en su totalidad lo que significa ser religioso. El Papa ha hablado también, por ejemplo, de los conventos de clausura con falta de vocaciones en los que, pese a todo, las monjas se resisten a unificarse con otras comunidades, aferrándose al edificio.

"Cuando no se quieren mover –dice el Papa– eso es pertinacia. Y cuando hay pertinacia, hay cerrazón de corazón para la apertura a la fecundidad. Ahí se quedan, muriéndose en un convento, solas. Eso no es digno de la vida consagrada contemplativa. Desdice su razón de ser más profunda".

En otro fragmento –adelantado esta semana por Alfa y Omega– el Papa habla de algunas nuevas congregaciones tanto de vida activa como contemplativa que, debido a su "cierto éxito vocacional", han sido presentadas como "el nuevo modelo".

"A mí particularmente –dice el Papa, según Fernando Prado– me llama la atención que este fenómeno vaya, a veces, acompañado de cierto triunfalismo. Y el triunfalismo, realmente, no me convence. Desconfío de manifestaciones o mensajes triunfalistas que nos hablan de que la salvación está aquí o allí. Algunas congregaciones se mostraron como la salvación de la vida consagrada. Incluso convencieron a muchos pastores para que las favorecieran. Algunos buscaron incluso la manera de apoyarlas económicamente. Algunos pastores, he conocido a varios, estaban impresionados por su capacidad de convocatoria, o por una vida piadosa ejemplar que aparentemente vivían. Eran la nueva vida consagrada, la que iba a ser la solución y modelo para las antiguas y envejecidas órdenes y congregaciones… y resulta que, después, dentro de algunas de ellas explotaron asuntos de corrupción interna impresionantes".

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