José Antonio, el niño campanero que 'salva' una tradición única: "Cuando sea mayor, seguiré tocando"

A sus 10 años, este joven de Almendral (Badajoz) se ha convertido en el campanero más joven de Extremadura para preservar el toque manual de campanas

Ana Palacios de Elías

Madrid - Publicado el - Actualizado

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Con solo 10 años, José Antonio se ha convertido en el campanero más joven de Almendral (Badajoz) y de toda Extremadura. Su vocación comenzó hace dos años, a los 8, y ahora forma parte de un grupo de siete jóvenes, entre ellos familiares y amigos, que han devuelto la vida al campanario de su pueblo.

Una escuela para salvar el sonido de un pueblo

El artífice de esta 'escuela' improvisada es José Joaquín, maestro campanero y vicepresidente de la Asociación Cultural de Campaneros de Extremadura. "Un día los invité a subir al campanario, a tocar las campanas, y esto se quedó", explica en una entrevista en Mediodía COPE. Lo que comenzó como una invitación espontánea se ha transformado en una iniciativa para preservar una tradición casi perdida.

El grupo se reúne los domingos para el toque de la misa de 12, aprendiendo un arte que, según José Joaquín, no es sencillo. El objetivo es mantener vivo el toque manual de campanas, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2022, frente a la creciente automatización que "ha perdido un patrimonio cultural y musical en nuestros pueblos".

El 'repiqueteo' único de Almendral

La técnica de Almendral es "peculiar", describe el maestro. No se trata de fuerza, sino de velocidad y delicadeza. "El badajo no se levanta, prácticamente, de la campana, y es un repiqueteo que es muy, muy, muy rápido", detalla. Este estilo particular diferencia el sonido de Almendral del de otros pueblos, donde cada uno tenía su propia manera de comunicarse a través de las campanas, que en su día funcionaban como "el WhatsApp de entonces".

El futuro de las campanas

A José Antonio no le parece "tan difícil" y disfruta de las clases que recibe los domingos. Cuando se le pregunta qué es lo que más le gusta, lo tiene claro: "Cuando mueve la frase y suena de una manera diferente, esas son las cosas que más me gusta, el sonido y cómo se mueve". Su pasión es un soplo de aire fresco para una tradición que en su día fue una profesión remunerada.

El maestro campanero es consciente de que los intereses de los jóvenes pueden ser pasajeros, pero confía en el proyecto. "Es algo bonito. Subir a un sitio donde la gente de normal no suele subir, un sitio que está olvidado", afirma, destacando el valor de recuperar un espacio y una melodía casi perdidos. Por su parte, José Antonio se muestra convencido de su futuro como campanero y, al preguntarle si seguirá tocando de mayor, responde con seguridad: "Yo creo que sí".

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