Guillermo Gracia, deportista: "Pues, me siento como un delfín dentro del agua"
Con solo 21 años, el nadador con síndrome de Down suma 27 oros mundiales y sueña con los Juegos Paralímpicos mientras inspira a miles de personas
Madrid - Publicado el
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Bajo el agua el ruido desaparece, la respiración marca el ritmo y cada brazada empuja hacia adelante. En ese instante no hay etiquetas ni límites, solo una persona concentrada en avanzar y superarse. Guillermo Gracia conoce bien esa sensación; a sus 21 años, este nadador cacereño es uno de los deportistas de natación adaptada más laureados del mundo, pero su historia va mucho más allá de las medallas.
Su impresionante palmarés, que incluye 27 títulos de campeón del mundo, 11 subcampeonatos mundiales y 15 campeonatos de Europa, solo cuenta una parte de su trayectoria. La otra habla de constancia, disciplina diaria y una forma muy clara de entender la vida, resumida en un lema que se ha convertido en su bandera dentro y fuera de la piscina.
Mi capacidad es mayor que mi discapacidad"
Deportista
Una rutina de élite
Para alcanzar la cima mundial, Gracia se somete a una estricta rutina de entrenamientos que roza el profesionalismo. "Pues, yo entreno todos los días, de lunes a sábado", explica el propio nadador. A esta dedicación se suman las horas en el agua. "Al día, entreno tres horas", confirma. Un esfuerzo que además se complementa con trabajo fuera de la piscina: "Más gimnasio", añade, un pilar fundamental en su preparación física.
Guillermo Gracia Núñez muerde una de sus medalas
A pesar de la dureza, la pasión es el motor que lo impulsa. Cuando se le pregunta qué siente al zambullirse, su respuesta es tan gráfica como reveladora: "Pues, me siento como un delfín". El joven confiesa que le "gusta mucho el agua" y que, aunque a veces empezar cuesta, sobre todo si "está fría", la pereza no tiene cabida en su mentalidad. "A mí no me da pereza nada, ninguna", asegura con firmeza.
Me siento como un como un delfín"
Deportista
Un talento descubierto casi por casualidad
La relación de Guillermo con la natación comenzó a los seis meses, como una forma de estimulación temprana. "Empezó pequeñito, pequeñito", recuerda su madre, Lorena. "Empezó como estimulación y siguió adelante, y al final ha sido como sin querer", explica sobre cómo la piscina se convirtió en su segunda casa sin que nadie lo planeara.
No fue hasta los 12 o 13 años cuando su familia descubrió su extraordinario talento. Tras competir a nivel regional en un club normalizado, decidieron probar suerte en un campeonato para personas con discapacidad intelectual en Sevilla. "Y ahí fue cuando descubrimos que los tiempos que hacía Guillermo era, pues... que era el más rápido", comenta Lorena. Aquel campeonato, su primer nacional, lo recuerda el nadador como "lo más bonito".
Aunque nada "todos los estilos", Guillermo tiene un favorito claro donde, además, es imbatible. "A mí me gusta mucho es la braza", confiesa. El motivo es de peso: "porque tengo el récord del mundo en braza". Su marca de 1:27 en los 100 metros demuestra que en el agua se mueve "como un torbellino".
Inspiración más allá de la piscina
Su historia de superación va unida a su lema: "Mi capacidad es mayor que mi discapacidad". Para Guillermo, esta frase "significa que todas las personas vean la capacidad, y que y que vean todo el mundo la discapacidad". Es una inversión de la perspectiva habitual, como explica su madre: "Tú cuando la persona con síndrome de Down viene, lo primero que ves es la discapacidad. Entonces, es darle un poco valor a la capacidad que tiene cada uno".
Este mensaje ha calado hondo, y su labor como referente social ha sido reconocida recientemente con el prestigioso Premio Princesa de Girona. "Me siento muy contento por haber ganado ese premio, fue muy especial para mí, y va dedicado, pues, a mis padres", afirma un emocionado Guillermo. Este galardón "es un premio al esfuerzo y a que Guillermo sea capaz de demostrar que todo el mundo es capaz de realizarlo", añade su madre.
Guillermo no solo inspira con sus palabras, sino también con sus acciones. Ya es entrenador de natación y forma a los más pequeños en su club de Cáceres. "Estoy entrenando a un grupo de prebenjamines", cuenta. Se toma su rol muy en serio: "si estás jugando en el agua, en ese momento, tengo que ponerme serio", admite, demostrando que la disciplina que se autoimpone también la transmite a sus pupilos.
Con un palmarés envidiable y una carrera como entrenador en marcha, a Guillermo le queda un gran sueño por cumplir: competir en unos Juegos Paralímpicos. Se trata de una reivindicación histórica, ya que actualmente no existe una categoría específica para deportistas con síndrome de Down. "Ese es mi sueño, ojalá que se cumpla mi objetivo para ir a unos Juegos Paralímpicos", declara con esperanza. Un sueño que, de hacerse realidad, sería el broche de oro a una trayectoria que ya es toda una leyenda.
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