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De Haro: "Quezada cumplirá condena y seguiremos haciéndonos las mismas preguntas"

Fernando de Haro analiza la actualidad en 'La Tarde' de COPE 

Fernando de Haro

Fernando de Haro

'La Tarde'

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 17:54

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Hoy hemos escuchado el testimonio de Ana Julia Quezada, la presunta asesina del niño Gabriel Cruz, el pescaito. Quezada ha declarado en el juicio de la Audiencia Provincial de Almería en algunos momentos entre sollozos. En su relato, la acusada ha reconocido que mató al "pescaíto", pero que se ve inocente.

Con su testimonio Quezada ha querido convencer al jurado de que la muerte del niño no fue premeditada sino accidental. Quezada ha reconocido que el niño era muy educado pero ha contado que le llamó negra fea y que después de eso le tapó la boca y que no recuerda nada más. El pescaito habría muerto axfisiado como consecuencia del arrebato de Quezada.

Este testimonio contrasta con el relato de los abogados de los padres de Gabriel, que sostuvieron que el niño agonizó entre 45 y 90 minutos. ¿Cuál es más creíble, la versión de Quezada o de los abogados de los padres? Al final un juicio así es un caso práctico de conocimiento indirecto.

Hay muchas cosas que no conocemos de forma directa, hay muchas personas que no han estado en América, pero que creen que existe América porque se fían de testigos fiables que dicen que América existe. ¿Es fiable la declaración de Quezada? El fiscal ha dado un golpe severo a la fiabilidad que le pudiera quedar porque le ha preguntado si había insultado a Patricia, la madre del pescaito. Quezada lo ha negado y el fiscal a continuación ha hecho que se escuchara una grabación en la que se podía escuchar a Quezada insultando a Patricia.

“Yo nunca le haría daño a un niño”, ha dicho Quezada. Esto es lo que nos estremece de este juicio. Estamos ante el incomprensible sufrimiento de un inocente al que se le ha arrebatado la vida. El sufrimiento de los inocentes nos deja sin aliento, ¿Por qué alguien puede causar conscientemente dolor a un inocente? 

Conoceremos el veredicto y la sentencia. Quezada cumplirá condena y seguiremos haciéndonos la misma pregunta. Nos explicarán que el niño le estorbaba y quizás no expliquen que lo hizo por dinero. Pero seguirán siendo respuestas insuficientes.

El mal voluntariamente causado a un inocente es como un vértice, como un enigma irresoluble que desafía nuestra razón analítica. No hay respuesta. No es un mal banal, causado por que se forma parte de un sistema totaliario. No es la enfermedad, no es la debilidad, no es el descuido, es la voluntad firme y decida de hacer daño. Los actos de Quezada desafían nuestra inocencia por creer poder explicarlo todo asépticamente, teniendo en cuenta los causas antecedentes. Aquí hay algo sombriamente más grande y más perverso que todos los análisis. 

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