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De Haro: "La parte morada del Gobierno siempre pensó que este era el momento de acabar con la Monarquía"

El copresentador de 'La Tarde', Fernando de Haro, analiza el resultado de Chanel en Eurovisión y la vuelta de Juan Carlos I a España

Fernando de Haro

Fernando de Haro

'La Tarde'

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 16:18

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Eurovisión siempre ha sido más que un festival. Desde que se creara en 1956 ha tenido mucho de política. En los años 90, por ejemplo, después de la caída del Muro de Berlín, Eurovisión fue utilizado para fomentar que los países del Este se integraran en la Unión Europea. Si no hubiera sido político, en Eurovisión no hubieran ganado en esta última edición los ucranianos por delante de Chanel.

Ha sido una decisión política, en favor de los ucranianos, de buena política. Lo llamativo es que desde la madrugada del domingo haya quien considere la vitoria de Chanel como una derrota del Gobierno y del feminismo más agresivo. Chanel se ha convertido no en una buena cantante y bailarina con un estupendo resultado después de años de sequía. Chanel es el ariete contra el progresismo. Nada de esto hubiera ocurrido si el progresismo y feminismo de Irene Montero no hubiese apoyado a Rigoberta Bandini, la rival de Chanel, en el Benidorm Fest.

El problema no es la politización de Eurovisión y lo ridículo que fue que el asunto llegara hasta el Congreso. El problema es que cada vez más para decir yo o para decir nosotros necesitamos decirlo, definirnos, en oposición a los otros. Esto se llama identidad conflictiva: yo soy lo que no es el otro. Yo soy progre, pero sobre todo antifascista, anticayetanos, antimachista, antifranquista, antibinario, anti sanidad privada y enseñanza concertada. Yo soy liberal, pero sobre todo soy antifeminista, anti ideología de género, yo soy el que está contra el Estado, el que está contra las políticas de igualdad. Esta identidad conflictiva se extiende cada vez más. En Eurovisión ha ganado Chanel, no ha ganado la masculinidad desinhibida, no ha perdido el feminismo radical.

Esta mañana, Carlos Herrera adelantaba la noticia esperada.

Después de casi dos años, Juan Carlos I visitará España: Sangenjo y Madrid sin quedarse a dormir en Zarzuela. No le dejan. Después de que la Fiscalía alargara las investigaciones sobre las irregularidades cometidas por el Emérito, después de que esas investigaciones en España se cerraran ya hace tiempo, don Juan Carlos vuelve, de visita, a España. La parte socialista del Gobierno siempre le ha exigido explicaciones por sus actividades poco éticas y la parte morada del Gobierno siempre pensó que este era el momento de acabar con la Monarquía.

El caso es que parecen haberse olvidado las aportaciones que Juan Carlos I hizo a la democracia, que son muchas, por actividades que ciertamente no han sido ejemplares. Javier Tajadura, profesor de Derecho Constitucional de la UPV, ha publicado recientemente un libro sobre cómo actúa el Jefe de Estado en otros países europeos.

Tajadura llega a la conclusión que si en España no hubiera monarquía no habría República, sino desintegración. No hay capacidad de consenso para elegir a un presidente de República. Ni siquiera hay consenso para regular bien la Monarquía, hace falta una ley orgánica, o sea con amplia mayoría, para aclarar cosas pendientes de la sucesión y de la abdicación. Pero no hay manera de conseguir un acuerdo.

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