La Foto: "La niña ya ha muerto y con ella cualquier inocencia"
Escucha la Foto del Día de Fernando de Haro

Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que hoy me ha llamado la atención es de Richard Avedon, un retratista excelente. Algunos de sus trabajos se exponen estos días en Barcelona. El retrato, en este caso, es de una joven, de una adolescente que viste un peto vaquero. Debajo del peto solo un bikini que le deja los hombros y los brazos descubiertos. La joven se puede llamar Agueda, o Felisa, o Juliana, o Emna o Isabella, o Sophia. Pongamos que se llama Sophia. Sophia tiene salpicados los brazos, el pecho y la cara de pecas. Sophia debe haber ido a la peluquería o debe haberse pasado la plancha en casa porque le cuelga sobre el cuello una melena llena de bucles. Con la raya en medio, Shopia se ha puesto ya algunas mechas claras. Sophia es una rosa con cara, la barbilla redonda y encantadora, los labios carnosos en una boca ni grande ni pequeña, la nariz proporcionada. Los ojos de Sophia, claros, redondos, con unas pupilas de fuego helado, con unas pupilas de incendio glacial, con dos llamaradas en las pestañas. Sophia mira seria, enfadada, queriendo demostrar que no se va a dejar engañar, que no le va a pasar ni una a nadie, que la niña que fue ya ha muerto y con ella cualquier inocencia, cualquier curiosidad, cualquier disposición a dejarse seducir por palabra y por belleza alguna. La dureza de la mirada de Sophia no consigue esconder su silencio suplicante. Sophia ha intentado hablar con el manillar de su moto, con el resto de cerveza que queda en un vaso después de un largo trago. Pero Sophia está harta de contar sus secretos hasta quedarse ronca, harta de inventar historias para hacerse comprender. Sophia se pregunta cómo es posible que nadie le escuche. Los ojos de Sophia, su gesto duro, es una petición, una súplica al destino para que le mande a alguien, a alguien que no tenga miedo, a alguien que escuche lo que ella no se atreve a decir.



