Los animales se revelan como el arma secreta y eterna en la historia de la guerra
Desde los elefantes de Aníbal hasta perros antitanque o murciélagos bomba, su uso como tecnología punta ha sido una constante en los conflictos bélicos
Málaga - Publicado el
3 min lectura
Durante milenios, los animales fueron el motor del mundo en los conflictos: el camión, el tanque, la ambulancia, el dron y el sistema de mensajería. Antes de la tecnología actual, la guerra dependía de mover hombres, hierro y suministros en condiciones extremas, y los animales han sido la pieza clave para lograrlo. Sin ellos, imperios y conquistas no habrían sido posibles, una realidad que se extiende hasta el siglo XXI, donde su instinto sigue siendo un recurso valioso.
El elefante como arma psicológica
El elefante en combate era, ante todo, un arma psicológica. La visión de una pared viva que avanzaba haciendo temblar el suelo generaba un pánico que rompía las formaciones enemigas. Aníbal lo tuvo muy claro al enfrentarse a los romanos, usando a estos animales como tanques para abrir huecos en la infantería o como plataformas elevadas para arqueros.
Un elefante de guerra es una pared viva que avanza, que hace temblar el suelo"
Divulgador
Elefantes en guerra
Sin embargo, su gran debilidad era el miedo. Un elefante en pánico podía girarse y aplastar a sus propias filas, como ocurrió cuando Escipión el Africano ordenó tocar todas las trompetas a la vez. En otra ocasión, los romanos descubrieron que los elefantes temían el grito de los cerdos, por lo que lanzaron cerdos untados en brea y prendidos fuego para sembrar el caos en las líneas de elefantes, que se acostumbraron a ellos criándose juntos.
El poder de la velocidad y la resistencia
El caballo se convirtió en el centro del poder militar cuando el ser humano descubrió que la velocidad decide imperios. La invención del estribo cambió la historia, ya que permitió al jinete usar la lanza con toda la fuerza del galope del animal, convirtiendo a la caballería en una fuerza devastadora en la Baja Edad Media. Poseer un caballo era un lujo que diferenciaba al infante del caballero, el guerrero más potente de su tiempo.
Menos glamurosas pero igual de cruciales han sido las mulas y los burros. Estos animales son el todoterreno del pasado, capaces de transportar suministros, munición y heridos por terrenos imposibles donde los vehículos modernos se atascan. Como se demostró en el desastre de Annual, donde el enemigo rifeño disparaba antes a la mula que al soldado, la logística que proporcionan ha decidido la victoria en innumerables ocasiones.
Del olfato al algoritmo vivo
El perro ha sido centinela, explorador, mensajero y detector gracias a su olfato, un superpoder con el que ha salvado incontables vidas al detectar minas, explosivos o personas bajo los escombros. Sin embargo, también han tenido usos oscuros, como intimidar a prisioneros o en los brutales ataques de los perros antitanque, entrenados para buscar comida bajo los blindados enemigos llevando una carga explosiva adosada.
Perros de guerra
Por su parte, la paloma mensajera ha funcionado como un algoritmo vivo de navegación. En un entorno de guerra, donde los cables se cortan y las radios fallan, su capacidad para volver a su palomar con mensajes era estratégica. Se convirtieron en un sistema de comunicación fiable que funcionaba cuando todo lo demás estaba ardiendo.
El adiestramiento de estos animales para el combate es un proceso complejo que comienza con una rigurosa selección genética para asegurar que los ejemplares tengan las cualidades instintivas necesarias. Según el adiestrador Nacho Sierra, de una camada no todos los cachorros son aptos, y los elegidos se adaptan progresivamente a los estímulos del campo de batalla. Para superar el miedo a las explosiones, por ejemplo, se usa el condicionamiento clásico: “Lo que hacemos es asociar un sonido con una situación placentera”, como darles comida, neutralizando así la reacción de pánico.
Lo que hacemos es asociar un sonido con una situación placentera"
Adiestrador
La crueldad y la creatividad humanas han llevado al uso de armas aún más insólitas. En la batalla de Pelusio, los persas usaron el respeto de los egipcios por los gatos, colocándolos en sus escudos para frenar a los defensores. También se han lanzado colmenas de abejas contra legiones romanas o se han usado insectos como la pulga en la guerra biológica. Quizás el plan más demencial fue el de los murciélagos bomba, que consistía en usar a estos animales para dispersar pequeños dispositivos incendiarios sobre ciudades de madera.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.