"El mundo rural y los barrios marginales siguen teniendo hoy en día mucha necesidad"
En el marco de la Vida Consagrada, 'La Linterna de la Iglesia' se acerca a un grupo de mujeres que encuentran su misión en las zonas marginales y en los rincones rurales de mayor dificultad
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Las Misioneras de las Doctrinas Rurales son las herederas de la misión de un beato muy querido, el jesuita P. Arnaiz, y cuyos restos reposan en Málaga, en la iglesia del Sagrado Corazón. Este año se ha concedido un tiempo jubilar por los cien años de su muerte. Su superiora, la hermana Leticia Montero, explica que: «Celebramos la muerte de alguien muy querido en Málaga. En el año 1926, cuando él muere, aquello fue una manifestación de duelo impresionante. Los últimos días desde que viene de Algodonales, ya muy enfermo, del día 10 de julio hasta el día 18, la iglesia de Sagrado Corazón, la residencia de los jesuitas, las salas de visita, estaban rebosando de gente esperando y preguntando, interesándose por su salud...».
Su muerte fue un acontecimiento que conmocionó a toda la ciudad. Y que sigue levantando admiración y devoción, porque no hace muchos años se levantó por suscripción popular, una estatua a este beato en pleno centro de la ciudad. Su misión, centrada en Andalucía (especialmente Málaga), destacó por la atención a los pobres, marginados y zonas rurales. Fundó las Misioneras de las Doctrinas Rurales, creó escuelas en barrios marginales y corralones, y se dedicó a la enseñanza, catequesis y ayuda social en cárceles y hospitales.
"El Padre Arnaiz es el apóstol de la gente sencilla, de los pobres que acuden a él"
Fue el apóstol de los pobres, pero no solo… «El Padre Arnaiz es el apóstol de la gente sencilla, de los pobres que acuden a él y sienten en él su ternura, su misericordia, todo lo que trabajó por elevar su dignidad. Pero es también queridísimo por las clases más pudientes, porque los llevó a Dios. Los periódicos dicen que la labor social del Padre Arnaiz fue tan grande porque movió a los que podían cambiar la sociedad a compadecerse de las necesidades que había a su alrededor», explica Leticia.
Su sepulcro, en la iglesia del Sagrado Corazón, es visitado por miles de personas cada mes. Es impresionante cómo después de 100 años de su muerte, el P. Arnaiz sigue siendo querido y admirado por tantas personas llegadas de todas partes, para agradecerle su intercesión en cuestiones vitales. Las propias Misioneras de las Doctrinas Rurales lo certifican y quieren que vaya a más: «Queremos aprovechar este año jubilar para que estas generaciones conozcan realmente la figura del Padre Arnaiz, porque el Padre Arnaiz es un gran intercesor delante del Señor, pero porque fue muy fiel a ese amor del Señor, a ese amor que le había sentido y que quería transmitir a todos».
"Estamos en un mundo con muchas heridas afectivas, necesitamos volver a revivir ese amor al corazón de Jesús"
En este siglo de historia las Misioneras han desarrollado más de 300 doctrinas y casi 500 misiones cortas, sobre todo en las diócesis andaluzas, pero también en Cataluña y Valencia, en Cuenca y León, en la diócesis de Barbastro en el pirineo aragonés, en la diócesis de Vigo, en pueblos de Badajoz… Y en este tiempo jubilar, aparte de dar a conocer a su fundador y su obra, quieren ahondar en la gasolina que sostenía a este beato: la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Una espiritualidad que era fundamental para el P. Arnaiz pero también muy necesaria hoy, como demuestra la encíclica de Francisco 'Dilexit Nos' y la exhortación apostólica del Papa León XIV, 'Dilexi Te': «En esta sociedad tan líquida y falta de corazón, volver a darnos cuenta del amor que el Señor nos tiene tan inmenso, reflejado en ese corazón de carne también del Señor. Pero también está la otra vertiente, que es que el corazón de Jesús es la fuente que cura nuestras heridas. Estamos en un mundo con muchas heridas afectivas, con muchos sufrimientos, con mucha falta de amor, y nosotros creemos que necesitamos volver a revivir en nosotros ese amor al corazón de Jesús».
"La misión del Padre Arnaiz sigue viva dentro de nuestra obra"
La labor de las misioneras, estas seglares totalmente consagradas a la labor apostólica, sigue siendo haciendo palpitar ese corazón de Jesús en el pecho de los más desprotegidos y olvidados, aunque, como explica la Hermana Leticia, las circunstancias han cambiado: «La misión del Padre Arnaiz sigue viva dentro de nuestra obra porque él quería llegar siempre a donde llegaba menos la labor de la Iglesia. El mundo rural y los barrios marginales siguen teniendo hoy en día mucha necesidad, más que por la falta de infraestructuras, por la falta de sacerdotes que llevan muchas parroquias y las zonas rurales las pueden atender muy poquito. La presencia de las misioneras compensa el preparar espiritualmente y formar a los cristianos que viven en esas zonas más marginales», explica Leticia Montero.
Las misioneras no se instalan con ellos para siempre, sino el tiempo necesario para que, al menos un grupo de cristianos queden bien formados y sean el fermento para todo el pueblo y el apoyo del sacerdote aunque este pueda acudir con poca asiduidad.