"Blindar el aborto es blindar la soledad de la mujer frente a un embarazo inesperado, diciéndole que su 'derecho' es gestionar el problema sola"

Escucha el monólogo de Álvaro Sáez en La Linterna de la Iglesia

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España sigue los pasos de Francia. Esta semana hemos conocido que el Consejo de Ministros ha aprobado un proyecto de reforma constitucional para "blindar" el aborto.

¿Qué significa esto en la práctica? Pues que el Gobierno no quiere que el aborto sea solo una ley que un futuro Parlamento pueda cambiar; quieren elevarlo a la categoría de "derecho fundamental" dentro de nuestra Constitución, la ley de leyes. Es un movimiento político que busca cerrar el debate legal para siempre, presentándolo como un hito de progreso.

Nos están diciendo que, a partir de ahora, el fin de una vida en el vientre materno no será una tragedia que la ley intenta regular, sino un valor fundamental del Estado. Un derecho que merece la misma protección que la libertad de expresión o la integridad física. ¿En qué momento decidimos que nuestra identidad nacional debía construirse sobre este vacío?

Convertir el aborto en un derecho intocable supone renunciar, como sociedad, a la protección del más débil. Nos adentramos en lo que algunos ya llaman la "cultura del descarte" o el "triunfo de la muerte" como solución a los problemas humanos. ¿Qué clase de progreso es aquel que no busca alternativas para la mujer, sino que simplemente le ofrece el blindaje de una salida irreversible? En lugar de blindar el apoyo a la maternidad, el acompañamiento o la conciliación, el Estado decide blindar la ruptura del vínculo más sagrado que existe.

Y aquí hay un fraude intelectual que no podemos ignorar. Se nos intenta vender este blindaje como un avance en salud pública. Pero seamos claros, como denuncian periodistas y expertos: el embarazo no es una enfermedad. No lo ha sido nunca.

La ciencia es tozuda y, aunque la política intente ignorarla, la biología nos dice que desde la concepción existe una vida distinta, un ADN único, un ser que no es un "algo", sino un "alguien".

¿Por qué blindar el aborto y no blindar, con la misma fuerza, el derecho a la vida de los más vulnerables? ¿Por qué no blindar la ayuda a las familias o la protección de los ancianos?

Blindar el aborto es blindar la soledad de la mujer frente a un embarazo inesperado, diciéndole que su "derecho" es gestionar el problema sola, desapareciendo la responsabilidad de la sociedad y del Estado de ofrecer una mano tendida.

Si permitimos que el derecho a la vida se convierta en algo secundario frente a la voluntad individual, habremos perdido la brújula moral de nuestra convivencia.

No es una cuestión de religión, es una cuestión de humanidad.