La 'paradoja de la tolerancia' pone a prueba la democracia: la reflexión de Jacobo Bergareche
El escritor Jacobo Bergareche analiza en 'Herrera en COPE' los límites de una sociedad abierta frente a quienes buscan acabar con las libertades
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La tolerancia es una de las virtudes clave de la democracia, pero su ejercicio plantea un debate complejo. La cuestión sobre si todas las opiniones tienen el mismo valor o si se deben aplicar cordones sanitarios a las posturas más extremas ha vuelto a la actualidad bajo el término de apartheid ideológico. Sobre ello ha reflexionado el escritor Jacobo Bergareche en la sección ‘Traficantes de Palabras’ del programa 'Herrera en COPE' con Jorge Bustos.
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Tolerancia, por Jacobo Bergareche | Traficantes de Palabras
Bergareche recuerda que la palabra apartheid ha sido pronunciada por Feijóo, quien ha afirmado que no excluirá a VOX. Según el líder popular, "VOX representa a muchos votantes y, por tanto, merecen ser escuchados". Esta situación evoca, según el escritor, a la estrategia de Zapatero con los independentistas, cuando se pensaba que integrar en el sistema a quienes se sentían fuera "podía hacerles más leales a las instituciones", con resultados ya conocidos.
La paradoja de la tolerancia
El escritor trae a colación al filósofo Karl Popper, quien en su libro 'La sociedad abierta y sus enemigos' enunció la paradoja de la tolerancia. Según esta, una sociedad libre debe tolerar ideas que le repugnan siempre que se expresen en el marco del debate democrático, ya que solo confrontándolas en público "pueden ser refutadas".
Sin embargo, Popper también advirtió de un límite claro. Cuando un movimiento rechaza el debate racional y su objetivo es "destruir las instituciones que amparan el debate" para imponer una verdad única, la sociedad debe defenderse. Bergareche subraya la advertencia del filósofo: "tolerar a quien quiere acabar con la tolerancia es el suicidio de la libertad".
Por ello, el autor concluye que el debate no es si se debe aplicar un apartheid a los ultras, sino algo previo: "debemos asegurarnos de que estos partidos aceptan las reglas del juego y no trabajan para romperlas". Como sentencia final, Bergareche recuerda que "la democracia no es un club cerrado, pero para sobrevivir debe saber defenderse de quienes quieren que lo sea".
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