El sacerdote Patxi Bronchalo responde a Silvia Abril: "Su tono es de superioridad moral y un ataque al que cree. Yo doy impuestos y una parte irá a las películas que ella hace"
El párroco de un barrio obrero de Leganés ha explicado en 'Herrera en COPE' el contenido de la carta en la que respondía a la actriz tras sus declaraciones contra la Iglesia en 'Los Goya': “Invito a Doña Silvia a trabajar con nosotros un día"
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Francisco Javier Bronchalo, 'Patxi' como le llaman quienes le conocen, ha madrugado como todos los días. Ha rezado y ha comprado algunos enseres que escaseaban en su parroquia, como aceite o velas. También ha confesado a algunos feligreses. Una mañana ajetreada.
Ya habrás supuesto que Patxi es sacerdote. De hecho, es párroco en un barrio obrero de Leganés. Allí no hay alfombras rojas, ni cámaras de televisión. Sin embargo, el presbítero ha recibido muchos 'likes' en las últimas horas por la carta que ha escrito a la actriz Silvia Abril, en respuesta a su rechazo a la Iglesia durante 'Los Goya'. “Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano. Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren en la fe cristiana. Lo siento por la Iglesia, menudo chiringuito tenéis montado", afirmó el pasado sábado durante la alfombra roja.
Unas declaraciones que ha dado que hablar en las redes sociales, y el sacerdote de Leganés ha querido responder. “Ha generado revuelo lo de Silvia Abril por el tono de superioridad moral y un ataque al que cree. En la carta contaba cómo es el día a día en la realidad, alejada de los focos, de los sacerdotes. Algunos estamos en ciudades grandes,otros en periferias y pueblos y aquí se ve el sufrimiento de las personas”, ha expuesto el párroco en 'Herrera en COPE'.
"esos mensajes hacen más daño porque hurgan en la herida del dolor de las personas”
En la carta, Patxi Bronchalo invita a Silvia Abril a conocer la labor que desempeña la Iglesia en su día a día a través de sus parroquias o entidades como Cáritas. Bronchalo ha recordado el funeral de un hombre de unos cincuenta años fallecido de manera repentina, y el dolor de sus padres llorando desconsolados delante del féretro.
“Recuerdo que fue duro porque al ver a los padres de ese hombre me acordaba de mis padres y pensaba qué dolor tiene que ser perder a un hijo, ver a los hijos de este hombre llorar. Entonces eso de que la fe es una carencia y no aceptar que los jóvenes crean en Dios, le decía si se atrevía a decir esto en el funeral mirando a los ojos de esos padres, de esos hijos, de la viuda. La gente sufre muchísimo y esos mensajes hacen más daño porque hurgan en la herida del dolor de las personas”, ha recalcado.
Tampoco olvida en la misiva la muerte reciente de una niña víctima del cáncer infantil: “El mayor dolor para un padre es perder a un hijo, porque es antinatural. De ahí la necesidad de que estemos cercanos con estas personas y la necesidad de la fe que no nos quita el sufrimiento, sino que nos ayuda a superar el sufrimiento con esperanza, de que el mal no tiene la última palabra”.
"yo doy impuestos como cualquier ciudadano y una parte irá para las películas que ella hace"
Patxi Bronchalo tampoco ha querido dejar pasar en la carta la afirmación de Silvia Abril sobre el supuesto 'chiringuito' de la Iglesia: “Se lo decía a doña Silvia, yo doy impuestos como cualquier ciudadano y una parte irá para las películas que ella hace, pero nosotros no nos financiamos así”.
En este sentido, el párroco recuerda que la Iglesia se financia de aquellos contribuyentes que marcan la 'X' en la casilla de la declaración de la renta, además de las colectas y donaciones voluntarias: “El bien hay que trabajarlo, es difícil construir y así vamos construyendo en los pueblos pequeños y barrios alejados, donde está la Iglesia”, ha subrayado.
"Invito a Silvia abril y quien quiera a venir aquí y trabajar con nosotros un día, una semana"
Cuestionado por el motivo por el que algunos dan la espalda a la labor que realiza la Iglesia en su día a día, Bronchalo opina que detrás ahí un “discurso ideológico”. “Vivimos días de noticias muy malas y con esta carta, que la ha leído mucha gente, me he dado cuenta que cuando sales de la ideología y desde el corazón estamos todos de acuerdo”.
Por ello, el cura ha invitado a aquellos que critican a la Iglesia que conozcan el testimonio directo de un voluntario de Cáritas repartiendo alimentos, o acompañar a un sacerdote en su día a día: “ Muchas cosas ideológicas se discute en el Congreso o se suelta desde la alfombra roja... nosotros estamos en la realidad”, ha reivindicado.
Para el párroco de Leganés, es difícil juzgar la intención de Silvia Abril en sus declaraciones. “Uno se puede obcecar en algo, detrás puede haber heridas, o las ideologías que vienen a sustituir a la Religión. Lo hemos visto en los totalitarismos del siglo XX cómo los estados vienen a sustituir a la Religión, sustituir el culto a Dios por el culto al partido o a la persona”, ha reflexionado.
Desconoce si la actriz ha leído su carta o si habrá respuesta por su parte, pero aclara que la misiva la escribió siendo “sincero”. “Invito a Silvia y quien quiera a venir aquí y trabajar con nosotros un día, una semana. Son bien recibidos”, ha insistido.
La carta íntegra
Estimada Silvia:
Me llamo Francisco Javier. Soy un sacerdote del montón que vive y trabaja en un barrio obrero del sur de Madrid, en Leganés. En mi día a día no hay focos ni maquillaje; aquí la vida es muy auténtica. Me dedico a estar con gente que sufre mucho, a escuchar a quien no duerme por la ansiedad de los problemas, a consolar a quien ha perdido a alguien querido y a dar esperanza a quien ya no ve salida. Como mis compañeros, trato de ayudar a todo el que lo pide.
He escuchado unas declaraciones suyas en la gala de los premios Goya en las que, entre otras cosas, dijo: «Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano; me da pena que necesiten creer en algo y se agarren a la fe cristiana». Por eso me he animado a escribirle y contarle algunas cosas.
Hace menos de un mes celebré un funeral de cuerpo presente por un hombre de cincuenta años que murió de manera repentina. Infarto. Aún tengo grabados a su padre y a su madre llorando desconsolados delante del féretro, y la cara de angustia de su mujer y de sus dos hijos, que han quedado huérfanos. Fue duro. Les dije que, si existe la sed, es porque existe el agua; y que, si existe el deseo de volver a abrazar a las personas que queremos, es porque existe el Cielo. Les anuncié que seguimos a un Dios que conoce el camino para salir de la tumba. Hace unos días su mujer me dio las gracias porque aquella oración era lo único que le había dado esperanza. Al ver sus declaraciones pensé que usted podría haber venido conmigo al tanatorio y, mirando a sus hijos a los ojos, haberles dicho: «Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano». Y luego, a su viuda y a sus padres: «Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren a la fe cristiana».
La última vez que asistí de cerca a la muerte de una niña fue el año pasado. La planta de oncología infantil del hospital estaba decorada con cariño para dar algo de luz en medio del sufrimiento de aquellos pequeños. Sus padres me llamaron. Estuve hablando largo rato con ellos. Me emocioné cuando su madre me dijo que la niña había dicho que sabía que iba a estar bien porque iba «con Jesús». Después le administré la unción y rezamos juntos en familia. Volví por los pasillos secándome las lágrimas. Aún la recuerdo riendo con su pañuelo en la cabeza. Murió unos días después. ¿Sabe qué, Silvia? He pensado que quizá le hubiera gustado estar allí para decirle aquello de: «Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano». Hoy sus padres siguen adelante con un dolor inmenso y también con esperanza; incluso han recibido el regalo de otra hija. ¿Se atrevería usted a venir conmigo un día a verles y repetirles que le da pena que necesiten creer en algo?
Usted dijo también: «Lo siento por la Iglesia, menudo chiringuito tenéis montado». ¿Sabe algo? En este barrio donde estoy no hay alfombras rojas ni se celebran galas. No hay salas VIP ni trajes de noche. Sí que hay camareros inmigrantes, pero aquí suelen servir café en las mesas, no están con bandejas llevando cócteles y aperitivos gourmet en las fiestas. Soy feliz aquí, quiero a este barrio. La invito a venir, Silvia. Véngase a mi «chiringuito» parroquial y quédese una mañana conmigo visitando a los enfermos que ya no pueden salir a la calle porque viven en edificios sin ascensor. Escuche las historias de mujeres que están solas porque sus hijos no las visitan nunca. Oiga a hombres que viven con la herida de haber perdido hijos por la droga o el alcohol. Puede ofrecerles alguno de esos consejos que se dicen en televisión. Después, por la tarde, acompáñenos con las voluntarias de Cáritas repartiendo alimentos a familias inmigrantes. No tenemos photocall, pero puede ayudar a repartir cajas de fruta, puede mirarlas y escuchar sus historias, y comparta con ellas sus recetas sobre la fe.
O quédese conmigo atendiendo a jóvenes que no logran salir de una adicción, que sufren por la ruptura de sus familias o por la angustia de no poder independizarse. Estarán encantados de escuchar sus soluciones. Luego le invito a quedarse en Misa con nosotros. Y no voy a cobrarle nada. En mi «chiringuito» no entra un solo céntimo de quien no quiere darlo libremente en la declaración de la renta. En cambio, de los impuestos que yo pago, una parte irá a sus películas, lo quiera yo o no.
¿Sabe por qué muchos jóvenes, y también adultos, vuelven a lo cristiano? No es que volver sea una carencia. Es que tienen carencias porque han crecido rodeados de cosas, pero vacíos de sentido. Mucha gente de las generaciones anteriores les han dado de todo pero les han negado lo más importante. Cuando alguien tiene frío, busca un refugio donde haya fuego, ese fuego que a veces se les ocultó. Necesitan creer porque, como usted y como yo, sufren, lloran, se angustian, tienen miedo y experimentan debilidad. Porque ven la vida con profundidad y no se conforman con que sea solo lo que se les ha ofrecido. Sus declaraciones suenan a cierta superioridad moral, como si ser frágil y apoyarse en la fe fuera algo vergonzoso, como si tuviéramos que ser superhéroes perfectos que nunca fallan. Y luego nos preguntamos por qué la salud mental es un problema creciente.
Sinceramente, hoy rezaré por usted.
Que tenga un buen día.