"Marlaska es responsable de haber escogido a José Ángel González (ex DAO) y de haber retorcido un reglamento para prolongar su mandato"
Es el análisis de Herrera del jueves 19 de febrero
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Señoras, señores, me alegro. Buenos días.
Hay viento; hoy lo que hay es viento. Viento que va a soplar, por ejemplo, en el este peninsular, tanto que se cancela el tráfico ferroviario entre Cataluña y la Comunidad Valenciana —que no es de alta velocidad— entre las 11 de la mañana y las 4 de la tarde.
Yo le contaba a las 7, y Gorgie a las 6, que hemos llegado a un punto en el que se ve claramente cómo esa cosa viscosa que hemos llamado el sanchismo ha conseguido letargar a buena parte de la sociedad española. A un escándalo le sucede otro de tal manera que el otro día estábamos con lo de Borja Cabezón, el asesor de Sánchez acusado de haber montado un entramado para evadir impuestos.
Esa polémica ya está amortizada porque ahora todo es José Ángel González, el DAO de la Policía, director adjunto operativo, que ha tenido que dimitir por la denuncia de una acusación de violación a una subordinada. Y el presidente del Gobierno, que compareció ayer desde la India, no está abrumado.
Lo de Borja, el colaborador que ha evadido impuestos… No: Borja es un fenómeno, lo tiene todo en regla. El DAO que ha tenido que dimitir por una violación tampoco se pongan así, porque a Marlaska lo voy a blindar otra vez. Lo blindó con Pérez de los Cobos, con la valla de Melilla, la tragedia de Barbate, la fuga de Puigdemont, las cartas con balas… En fin.
Escúchenle:
«La noticia que conocimos ayer —y creo que esto es muy importante—: las acusaciones son muy graves y, por tanto, el Gobierno de España lo que ha hecho desde el primer momento es manifestar su apoyo a la víctima y que efectivamente se retirara de esta responsabilidad al anterior DAO. El Gobierno de España ha actuado con empatía, coherencia y contundencia».
Tal como se podía prever, esta denuncia por violación es una bomba política, policial e informativa. Este hombre está defendiendo su inocencia, a lo que tiene derecho; no tiene que demostrarla él, sino quienes le acusan, que tienen que demostrar su culpabilidad. Pero se va del cuerpo, ha sido apartado, y la sustituta es Gemma Barroso, precisamente la superior jerárquica de la gente que denunció al DAO.
El ministro de Interior, Fernado Grande-Marlaska (izquierda) habla con el DAO de la Policía Nacional, José Ángel González
La denuncia viene apoyada, según parece, por mucha documentación y batería probatoria, con lo cual es un asunto que seguirá su camino en los tribunales. Pero estamos ante un escándalo político. Ayer se pudo comprobar en la sesión de control en el Congreso, una de las más broncas que se recuerdan: pateos, aplausos, abucheos, amenazas… un espectáculo. La gente del PP salió en tromba a pedir la dimisión de Marlaska, que contó con la solidaridad de Óscar Puente.
Como hoy recuerda Sergio Barbosa en su crónica en La Razón, Marlaska y Puente acumulan diez reprobaciones parlamentarias. Y Marlaska llegó con un solo objetivo: desmentir que él hubiera tenido o supiera nada, que hubiera tenido la más mínima información de los hechos. Y no presentó la dimisión. Dijo: «Dimitiré si la víctima me acusa de no haberla amparado o defendido».
Qué buen momento para decirle «no me has amparado o defendido», a ver si es verdad que dimite o no dimite. Es decir, la denunciante tiene en sus manos el futuro político de Marlaska. Esto es un cuento chino, porque si la víctima dijera que sí, que está desprotegida y abandonada, ya saldría el Gobierno, la sincronizada y los tontos útiles a decir inmediatamente que es una activista política de extrema derecha y que no hay que creerla.
Aquí no dimite nadie por nada: ni por un accidente de tren en el que mueren 46 personas, ni por escoger como mano derecha y hombre de absolutísima confianza a un presunto violador, ni por tener a la esposa imputada y el hermano… La lista es infinita.
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Y ahora Iván Redondo le ha dicho que puede volver a ganar y el golfo de Tezanos va haciendo sus golfadas. Tezanos y quienes le rodean, porque los demás que trabajan en el CIS tragan y colaboran en el fraude.
La denuncia no se presentó en comisaría, se presentó en el juzgado, porque la denunciante no se fiaba de hacerlo por los cauces habituales, ya que afectaba al máximo responsable del cuerpo. Esto indica que la víctima se sintió desatendida. Pero alguien más lo sabía: por ejemplo, el segundo de José Ángel González, el DAO, Óscar San Juan, que ayer también fue cesado por haber presionado a la víctima.
Óscar San Juan estaba comiendo con José Ángel González cuando este llamó a la víctima para que se presentara allí y llevarla luego a su piso. Y Óscar San Juan fue quien la llamó ofreciéndole el destino que quisiera. Por cierto, el pasado mes de septiembre fue premiado por el DAO con una medalla de plata pensionada con más de 400 euros mensuales de por vida, que solo se otorga en casos de excepcional labor en acto de servicio.
El comisario Óscar San Juan fue quien la llamó ofreciéndole el destino que quisiera"
Hay más. Dos medios —El Mundo y El Español— publican la misma información acerca de las conductas inapropiadas del DAO, que eran más que conocidas en el cuerpo. El Confidencial rescata otro episodio de su etapa en Valladolid: un incidente en un prostíbulo. Un intachable ejemplar… ya iremos viendo.
El Debate publica hoy que el director general de la Policía lo sabía porque un inspector le había contado el problema que estaban teniendo. Eso puede negarlo perfectamente el director general.
Sánchez ha liquidado el concepto de responsabilidad política, que es lo que le venía diciendo antes y vengo diciendo durante toda la mañana. Los errores, los fracasos, los desórdenes siempre son culpa de la derecha. Y así, asumir culpa o responsabilidad ante los ciudadanos ni lo vemos ni lo veremos.
Marlaska es responsable de haber escogido a José Ángel González. Es responsable de haber retorcido un reglamento durante la pandemia para prolongar el mandato del DAO que debía terminar por su jubilación. Es responsable de este bochorno nacional e internacional y de la humillación que están viviendo los 70.000 agentes del cuerpo.