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Herrera a las 8, viernes 17 de mayo

Josu Ternera tendrá que cumplir ocho años de condena en Francia. La Fiscalía de París confirma a COPE que el terrorista seguirá en prisión

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Digamos que era la cabeza de la serpiente. Esa serpiente enroscada en el hacha que tantas cabezas ha cortado en España durante 50 o 60 años. Y la cabeza de la serpiente era un tipo que llevaba vagando por ahí más de 17 años en los que, entre la justicia española, que es un poco boba, y la política española, que muchas ocasiones es absolutamente estúpida, permitieron que se escapara y se fugara el hombre que había ordenado los crímenes más abyectos de la banda terrorista ETA.

Es verdad que es muy difícil hacer una comparación o un escalafón de crímenes abiertos hablando de ETA, pero Urrutikoetxea Bengoetxea era el ideólogo de crímenes masivos, reactivos o indiferentes a quien pasara por allí, que la banda puso en funcionamiento durante muchos años. La casa cuartel de Zaragoza sirva como ejemplo. No sé cuántos kilos de explosivos colocados en un coche y en un momento, y lo tenían que saber quiénes actuaron, en el que los niños estaban saliendo hacia el colegio compañados por sus madres y sus padres. Y en ese instante la deflagración y el hundimiento del edificio. Y muertos y más muertos y gritos y tragedia.

Ese era el tipo al que llamaban Josu Ternera, que para que veamos que hasta qué punto alcanzó un punto de miserabilidad la política española, fue parlamentario en el Parlamento Vasco. Y hasta que veamos qué apunto de sarcasmo puede llegar a alcanzar la iniquidad de nuestra representación soberana, fue miembro de una Comisión de Derechos Humanos en la que al PNV cuando le preguntabas, al PNV, se lo pregunté yo: ¿A ustedes esto no les revuelve el estómago? Te decían: “No, es que así él va a tener ocasión de comprobar lo que ha significado el haber sido inhumano con las víctimas”. Claro, claro. Es decir, la Comisión de Derechos Humanos como una suerte de correctivo para un asesino múltiple.

Por eso, cuando le digan qué mal estamos en política, que hay que... ¡A qué punto ha llegado la política española! No, no, ha llegado a peores momentos, eh. Ha llegado a tener sentado a un criminal en una Comisión de Derechos Humanos, cosa que eso, al menos, ahora no ocurre.