"En casa de mi suegra pusieron unos sanjacobos y descubrí al probarlos que estaban hechos de cartón de caja"
Un oyente de 'Herrera en COPE' relata la bochornosa broma que sufrió por parte de su familia política durante una comida en el Día de los Inocentes
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El programa 'Herrera en COPE', en su sección 'La Hora de los Fósforos' presentada por Alberto Herrera, ha abierto los micrófonos a los oyentes para compartir sus experiencias con bromas pesadas. Entre las numerosas anécdotas, ha destacado el testimonio de Alejandro, un oyente que ha relatado la pesadilla que vivió durante una comida con su familia política.
Una comida de 'cartón-piedra'
Alejandro ha contado que fue víctima de su familia política, a la que ha calificado como "muy guasona", especialmente su suegra. A pesar de que siempre iba preparado para sus bromas cada vez que visitaba la casa de su entonces novia, terminaron por sorprenderlo en una ocasión que se le ha quedado grabada "hace muchos años".
El escenario fue una comida organizada para el Día de los Inocentes. Aunque Alejandro ha asegurado que iba "preparadísimo", no pudo anticipar lo que le esperaba en el menú. "Pusieron unos San Jacobos, que yo los vi raros, pero claro, nunca llegué a pensar, y unas croquetas también", ha explicado.
La sorpresa llegó al probar la comida. Por vergüenza y por quedar bien, disimuló como pudo, pero la realidad era incomestible: "Las croquetas estaban rellenas de algodón, y los San Jacobos eran de cartón, de cartón de una caja". El bochorno fue mayúsculo mientras toda la familia, que era grande, se reía de él.
Las croquetas estaban rellenas de algodón, y los San Jacobos eran de cartón"
Fósforos
Animales, uniformes y venganzas
La anécdota de Alejandro ha dado paso a otras historias, como la de Celeste, que gastó una broma memorable al marido de su mejor amiga, un gran amante de los animales. Con su cuñado disfrazado de cartero, le entregó una cabra pequeña con una nota que decía: "Para que a Jaime Junior nunca le falte la leche, aquí te mandamos esta cabra". La situación se tensó tanto que casi "llegan a las manos" antes de que Celeste revelara que era una broma.
MÁS FÓSFOROS
En un tono más vengativo, Pilar, exmilitar, ha compartido cómo ella y una compañera le dieron una lección a un teniente médico que "les hacía la vida imposible". Le echaron una veintena de gotas del laxante Evaquol en su botella de agua y forraron la taza de su váter con papel film. "Verás cómo ya no nos molestó más", ha sentenciado.
Juan, por su parte, ha relatado cómo simuló una emergencia en casa para asustar a su mujer. Tras un problema con un radiador, pidió a un amigo policía que se hiciera pasar por un bombero y le dijera a su esposa que el aparato había explotado. La broma le provocó a ella "un ataque de pánico" y a día de hoy, según Juan, "lo sigue contando".
Travesuras históricas y bromas de alto riesgo
El programa también ha recogido bromas que podrían haber tenido consecuencias más serias. José ha confesado que una vez, al ver que su mujer había dejado el coche en marcha con su hija pequeña dentro para entrar un momento a un bar, no se le ocurrió "otra cosa que montar en el coche y llevármelo". Aunque solo lo movió 50 metros, el susto fue tan grande que él mismo ha reconocido: "Yo dejé de hacer bromas, eso sí lo tengo que decir".
También se han escuchado aficiones peculiares, como la de este fósforo, cuya manía era "esconder puertas". Ha narrado cómo desmontó las puertas de los baños comunes en un hotel o la del camarote de unos compañeros en un barco de pesca, quienes tuvieron que soportar el ruido de la sala de máquinas durante una semana.
Darío ha recordado las "pequeñas travesuras" de su padre de 86 años, que solía atormentar a la portera del edificio, Maruja. Su especialidad era echar anilina de colores en el cubo de la fregona, tiñendo de rojo o amarillo el suelo recién limpiado. La mujer nunca supo que el culpable era él, quien incluso se ofrecía a ayudar a pillar al "cabrón que me pone anilina en el cubo".
Finalmente, Fernando ha rememorado la vez que se presentó ante su familia política por primera vez, allá por 1987, con un boleto de la Primitiva falsificado. Hizo creer a todos que le había tocado el premio gordo, provocando abrazos de su suegra y carreras de su tío para confirmar el resultado en el periódico, hasta que tuvo que confesar la verdad. A pesar del engaño inicial, ha concluido con humor: "No salió del todo mal, porque llevo 40 años casado".
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.