Luis del Val: "El puesto de trabajo lo crea la economía, no el Ministerio de Trabajo"

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Un día, la ministra de Trabajo en funciones se levantó justiciera y decidió poner rigor en la media horita o hora extraordinaria que no se pagaba. Pero lo hizo con tanto entusiasmo apresurado que provocó un desorden que creo que ya ha remitido. Claro que como toda acción provoca una reacción, enseguida se puso sobre el tapete la salida del puesto de trabajo para tomar el cafecito y darle una calada al pitillo, y la suma de ese tiempo, a lo largo del año, supone algo así como 22 días de vacaciones pagadas. Sin embargo, yo estoy a favor del cafecito, porque en según qué tareas supone una pausa oxigenante que puede aumentar la productividad. El trabajador que pone el culo en la silla, y no se levanta hasta que concluye la jornada laboral, pero se aburre en su tarea, no le dedica atención y, en muchas ocasiones, se dedica a navegar por el ordenador, no es más productivo, ni mucho menos, que el que sale a tomar el cafecito y trabaja con eficacia y con inteligencia. Claro que, en cuanto nos ponemos a echar cuentas, salen rosarios y resulta que aparece otro tipo de empleado mucho más peligroso y es que se hace pupa en el dedo, va a la medico para que le proporcione la baja laboral, y se queda en casa mirándose el dedo durante tres días. El absentismo laboral supone que se pierden cientos de miles de jornadas laborales equivalentes, según leo en un editorial de El Mundo, a 85.000 mil millones de euros. 

El puesto de trabajo lo crea la economía, no el ministerio de Trabajo. Y si las cosas van bien, y aumenta la demanda, el empresario reclama más trabajadores, y como hay más gente que trabaja, consume más y hay más demanda. Pero casi todos los ministros de Trabajo han tenido mucha fe en el Instituto Nacional de Empleo que crea empleo, pero para los funcionarios que trabajan en el Instituto. No contentos con fabricar un inmenso monstruo burocrático, de vez en cuando aparecen mantras como “las políticas activas de empleo” que a los únicos que dan empleo son a los profesores de los cursos de formación. En esos menesteres de su dinero y del mío se gastan 6.000 millones de euros. Como yo a partir de 10.000 euros me pierdo un poco, con esa cantidad, cada año, se podrían construir 40.000 viviendas sociales. A tres habitantes por vivienda, cada año podríamos construir una ciudad de 120.000 habitantes. No tengan esperanzas. No se hará. Seguiremos con los cursos de formación, que a veces son de formación de chanchullos entre asociaciones empresariales y sindicatos. Además, no les distraiga con lo del empleo y la economía. Ya habrá escuchado que está en otras cosas, a ver si el cuñado es alcalde o aborrecemos a Vox, que huele a azufre, mientras pactamos con los que nos amenazan con romper España que huelen a ácido sulfúrico, que es el azufre, mezclado con el oxígeno y el hidrógeno. Eso que, a lo peor, lo preguntan en un examen de esas pocas autonomías que se toman la educación en serio.

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