Boletín

La imagen de Luis del Val: "Está probado que hablar de que hace calor no disminuye el calor"

"Hoy es día de no salir de casa para que no te den la tabarra", argumenta sobre este miércoles en el que llega la primera ola de calor del año

Audio

 

Luis del Val

Colaborador

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 09:50

Está demostrado científicamente que hablar de que hace calor no disminuye el calor,  ni siquiera en unas milésimas.  Asimismo, ha habido numerosas pruebas que han llegado a la conclusión empírica de que comentar que hace mucho frío tampoco disminuye el frío, por muy alto que se comente y por muy frecuentes que sean los comentarios.

Traigo a colación estas obviedades, porque desde mi punto de vista hay algo mucho más insoportable que el calor y es hablar iterada y reiteradamente del calor que hace.  Me parece una tontería contemporánea semejante a la de unos soldados que están en una trinchera y. cada cinco minutos,  se comentaran apesadumbrados,  unos a otros,  que están en guerra; o de los invitados a una boda, que -risueños y felices- estuvieran glosando que se encuentran en una boda.  Está el tonto contemporáneo que viaja en un tren y dice por teléfono o envía un watshApp  explicando que está en un tren, pero de ese estás a salvo si tu no estás en ese tren. Donde no te salvas, es si vives en una ciudad española, porque entres a comprar una cinta a la mercería, te entrevistes con tu jefe, coincidas con los compañeros de trabajo o contestes a una llamada, alguien te dirá que hace mucho calor. Y eso es soportable durante las dos primeras horas del día, pero a la tercera hora comienza a causar molestias psíquicas de consecuencias inesperadas. En un periodo muy lejano,  en el que el director de un  periódico me encomendó la sección de sucesos, un viejo comisario de policía me confesó que los días de mucho calor eran de más trabajo, porque aumentaban las peleas y los asesinatos. Entonces no lo comprendí muy bien,  pero hoy lo encuentro lógico. Es más: un asesinato cometido en un día de calor debería tener alguna eximente, porque yo mismo hacia las dos de la tarde, cuando el tonto contemporáneo de turno me diga que hace mucho calor, tendré que reprimir mis instintos asesinos y recordar que tengo familia y que no puedo cometer una barbaridad.

Me parece que fue mi amigo Fernando Sánchez Dragó, que ha vivido  en Japón y está casado con Naoko,  la japonesa que le hizo padre de nuevo hace cinco o seis años, que en ese país hablar de la temperatura ambiental, sea para quejarse del frío o del calor, está considerado como una descortesía rayana en lo grosero. Soy ya demasiado mayor para irme a vivir a Japón, pero sólo por este detalle creo que merecería la pena considerarlo. Aquí, en España, hoy, te metes en un ascensor y un caballero o una señora que no conoces de nada, ni ellos saben nada de ti, te sueltan lo de ¡qué calor hace! ¿verdad? No sólo resaltan lo obvio, sino que te piden que lo corrobores, como si ellos dudaran de si están algo locos y a lo mejor lo que hace es mucho frío.

Hoy es día de no salir de casa para que no te den la tabarra. Y escuchar la radio. Eso sí, Sergio Barbosa, al primero que diga que hace mucho calor, explícale que,  en ese momento, miles de personas pueden cambiar de emisora o apagar la radio. Y haz una lista, y pásasela a Carlos Herrera, que creo que piensa lo mismo que yo.

Lo más