Javier Pérez, farero: "Mi trabajo ya no tiene que ver con el de antes; antes te destinaban y ahora ni eso. Los nuevos ya no viven en los faros ni están aislados"

El avance tecnológico y la falta de relevo generacional amenazan profesiones tradicionales que ahora se reinventan para no caer en el olvido

Paola Albaladejo

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En el programa Herrera en COPE, la periodista Sofía Buera ha abordado la situación de oficios que, a pesar de ser considerados imprescindibles durante generaciones, hoy se encuentran en peligro de extinción. El desarrollo tecnológico y la falta de relevo han provocado que muchos pequeños comercios y profesiones tradicionales desaparezcan, aunque algunos profesionales se resisten a bajar la persiana y buscan reinventarse para sobrevivir.

El farero: la luz que se niega a apagarse

Uno de estos oficios es el de farero, desempeñado desde hace 39 años por Javier Pérez. Actualmente, de los cerca de 200 faros operativos que hay en España, solo 25 están habitados. El trabajo ha evolucionado tanto que han pasado de ser fareros a técnicos de señales marítimas, como explica el propio Pérez: "El trabajo ya no tiene nada que ver con el de antes". Ahora, los nuevos profesionales no suelen vivir en los faros y deben recorrer muchos kilómetros, un panorama que, según él, "no es la vida de farero que que normalmente tenemos idealizada".

Oviñana

Una imagen de los acantilados de Oviñana, con el Faro Vidio al fondo

A pesar de las nuevas tecnologías como el GPS o los potentes navegadores de los barcos, la figura del farero sigue siendo crucial. Aunque los propios profesionales se han cuestionado su relevancia, los capitanes de barco lo tienen claro. Según Pérez, la respuesta que siempre recibe es que "a pesar de todos los nuevos sistemas de posicionamiento [...], te dicen que la referencia visual del del faro es lo que más tranquilidad les da".

La referencia visual del del faro es lo que más tranquilidad les da"

Javier Pérez

Farero

Redera: un eslabón fundamental

En los muelles, un trabajo casi invisible pero fundamental es el de las rederas, las mujeres que reparan, cosen y reconstruyen las redes de pesca. Ana Isabel Lorenzo, una de ellas, defiende la importancia de su labor artesanal y desconocida. "Si no hay redes para quien haga las redes para pescar, no hay pescado, y si no hay pescado en los mercados ni en los restaurantes, somos una cadena", afirma Lorenzo, quien considera su oficio "un eslabón bastante importante de la cadena".

Si no hay redes para quien haga las redes para pescar, no hay pescado"

Ana Isabel Lorenzo

Redera

Este oficio, sin embargo, se enfrenta a una drástica caída de trabajadoras: de las 763 rederas que se estimaban en 2010, han desaparecido más de la mitad. El principal problema es la falta de relevo generacional, ya que, según Lorenzo, los jóvenes no conocen el oficio porque la mayor actividad en los puertos coincide con el horario escolar. Ante esto, propone diversificar el trabajo hacia la artesanía y la economía circular, dando "un segundo uso a las redes que dejan de ser útiles" para crear pulseras, collares o cortinas.

El quiosco: de la prensa a centro cultural

En el entorno urbano, los quioscos de prensa también luchan por su supervivencia. De los más de 20.000 que había a principios de siglo, hoy no superan los 4.000. En el madrileño barrio de Salamanca, Miguel ha decidido transformar su quiosco para no caer en el derrotismo. Su filosofía es clara: "A esto hay que innovar, podemos caer en el en el derrotismo, buscar nuevas alternativas, buscar nuevas propuestas".

Su iniciativa ha convertido el quiosco en un punto de encuentro cultural. Organiza firmas todos los fines de semana con novelistas y ensayistas de primer nivel como Andrés Trapiello, Miguel Ángel Aguilar o David Trueba, así como con autores debutantes. Con ello, no solo vende libros, sino que también genera comunidad en el barrio, donde los vecinos "se saludan, se encuentran".

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Para ampliar su alcance, Miguel utiliza las redes sociales a través de su cuenta de Instagram, donde comenta noticias y recomienda libros. Considera esta plataforma "un vehículo, un canal para difundir estos eventos", pero subraya que es "una herramienta, nunca un fin en sí mismo". El objetivo principal sigue siendo dar a conocer las iniciativas que desarrolla en el quiosco, complementando los carteles físicos.

Farero, redera y quiosquero son tres oficios con un desafío en común: adaptarse a un mundo en constante cambio. La historia de Javier, Ana Isabel y Miguel demuestra que la clave para no desaparecer podría estar, precisamente, en la capacidad de transformación y en la búsqueda de nuevos caminos para seguir aportando valor a la sociedad.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.