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“La gestación subrogada te convierte, mujer, en una vasija comercial que se puede vender sin más”

Nuria González, abogada y autora de 'Vientres de alquiler, la mala gente', explica en Fin de Semana con Cristina lo que hay detrás de la compraventa de bebés

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Cristina López Schlichting
@crisschlichting

'Fin de Semana' COPE

Tiempo de lectura: 5'Actualizado 13:31

Hace tiempo, unos 10 años, salieron dos palabras, ‘gestación subrogada’, que a muchos produjo vértigo. Con el tiempo se ha traducido en algo más inteligible, ‘vientres de alquiler’, con un debate social abierto. Parecía que legislaciones progresistas iban a incorporar a España y los países europeos occidentales esta práctica de contratar a una señora para que te dé a luz un hijo, pero luego ha habido una reacción popular y una progresiva toma de conciencia de que detrás de ese niño hay una mujer que tenía necesidad de dinero y que ha sido utilizada para parir a ese bebé, tratándose así de un fenómeno de explotación.

Se ha frenado la legislación pero el debate sigue ahí porque el lobby LGTBI necesita de estos mecanismos de reproducción, planteándolos una y otra vez. Para hablarnos de esto en Fin de Semana con Cristina contamos con alguien que ha dedicado buena parte de su vida a desentrañar el negocio que hay detrás. Nuria González es abogada con larga experiencia en Derechos Humanos que ha trabajado en México y con las mujeres indígenas de Iberoamérica y que ahora tiene un libro, ‘Vientres de alquiler, la mala gente’ (Ed. Luz y Taquígrafo).

Nuria explica que “es increíble que legislaciones y gobiernos que se dicen progresistas, incluso feministas, como el que tenemos ahora, sean proclives a este tipo de cosas, a un contrato por el cual una gente que puede pagarlo se hace con la posesión de un ser humano que de otra manera no tendrían, es decir, una transacción mercantil. ¿Quién mueve el cotarro? A nivel mundial la Conferencia de la Haya, los que antes hicieron una buena legislación porque armonizó en todo el mundo cómo debían ser las adopciones internacionales, por ejemplo. Es una organización supranacional con 85 miembros, es decir, 85 países y la UE, casi todos los países del mundo, se organizan aquí para hablar y armonizar lo que tiene que ver con el Derecho Privado, es decir, contratos y familia. Y la Haya hace diez años que trabaja para hacer una armonización de los vientres de alquiler en todo el mundo, que sería legalizar de facto un mercado de críos en cualquier parte del mundo. Si bajamos a nivel España hace 11 años se abrió una puerta a dichos vientres de alquiler de la mano de Pedro Zerolo y tres o cuatro personas más que hoy están ocupando cargos, que presionaron al Gobierno de Zapatero, concretamente al ministro Caamaño para que hiciera una instrucción del Ministerio de Justicia, que es interna, no pasó por ningún lugar, no necesita mayoría parlamentaria ni anularse, que lo que dice es que los hijos de españoles nacidos en el extranjero se van a inscribir conforme a los documentos oficiales del país donde nacen. Esto significa que si alguien va al extranjero en un país donde es legal un vientre de alquiler, el papel que le dan según dice que esa criatura es de quien lo va a inscribir, es suficiente, sin tener que investigar de dónde ha nacido esa criatura, lo cual es un fraude de ley absoluto y una puerta abierta gigante a los vientres de alquiler en España que hace de facto que los españoles que quieran ir al extranjero a contratar un vientre de alquiler puedan hacerlo”.

Detrás hay un lucrativo negocio, como relata la experta, ya que “hay toda una industria en la reproducción humana dedicada a producir humanos a la carta que se adjudican mediante un contrato que es como cualquier contrato de compraventa: tiene pago, receptor, intermediario, etc., vas a una agencia y te dicen tal cual que vas a pagar para que una mujer se embarace el día que tú quieras para tener un hijo de unas características determinadas que luego a ti te va a entregar, se elige todo, tanto la mujer como el óvulo y los espermas. Hay que desmentir que los que lo hacen tengan alguna relación genética con las criaturas, la mayoría de veces no. Ese contrato incluye lo que llaman ‘reducción embrionaria’, que son abortos selectivos porque las empresas que hacen estas cosas inseminan a las madres con varios embriones para que de una tanda se asegure el embarazo, y a veces hay embarazos múltiples.

“Por supuesto ella no se puede arrepentir de nada”, continúa Nuria, “que es lo que hizo que el Tribunal Supremo en 2014 dijera que esos contratos jamás podrían tener validez en España porque, aparte de violar los derechos humanos de las mujeres y niños, eran nulos porque era imposible que la parte más débil del contrato se arrepintiera jamás. Es una esclavitud en el S. XXI, porque es que alguien disponga de la vida de otra persona para hacer lo que quiera, y es lo que está pasando aquí, y el dinero genera el negocio. Aquí las madres ya no son madres de sus hijos sino una especie de propietarias de cosas que paren y que ellas pueden transaccionar a otras personas. Por eso en el libro digo que las madres no somos las amas de lo que parimos sino las madres, y parimos personas, las personas no se pueden transferir ni onerosamente ni gratuitamente, hay que acabar con este discurso del falso altruismo y falsa generosidad”.

La autora, además, ha hecho un cálculo del dinero que mueve y los beneficios: “Hay un estudio hecho por varias asociaciones en EEUU, donde lo han estudiado más, que sitúan en 35.000.000.000 $ el beneficio de esta industria en 2045, mucho dinero. En 2018 movieron 6.000.000.000$, cada año mueven más, y eso que la mujer madre es la que menos dinero se lleva, se le promete una cantidad y luego apenas se le da la mitad, por poner su vida en riesgo por cumplir con el capricho de otra gente que lo puede pagar”.

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Sobre cómo están actualmente las legislaciones y jurisprudencias, González explica que “hay que dejarlo claro, no hay más de una veintena de países que permitan esto, los 170 y pico restantes, obviamente, no permiten la compraventa de seres humanos y España es uno de ellos. En el Código Penal está prohibido, en la Ley de Reproducción Humana está expresamente eliminado de las técnicas de reproducción asistida porque no lo es y además en Código Civil es muy claro. ¿Qué modelos hay? El de Ucrania, es el modelo comercial absoluto puro y duro, y así se vende, como comprar un coche, y es donde más españoles van porque es más barato porque las ucranianas son de las más precarias del mundo. Luego tenemos el de Canadá, le llaman ‘altruista’ pero que no lo es porque también hay transacción de dinero, es igual que el de Ucrania solo que en lugar de haber un contrato comercial con unas leyes comerciales hacen un contrato como si no hubiera dinero y en la última coletilla te dice que habrá compensación económica de X dinero a la madre. Esos son los modelos, uno que admite que hay una empresa y un negocio y otro que lo quiere vestir de que representa a los Derechos Humanos”.

Para finalizar, la autora da un golpe de realidad, sin cortapisas: “Los hombres, lo digo así porque es así, no pueden tener hijos. Garantizar los derechos reproductivos de un hombre sería como decirles a los hombres del mundo que no se preocupen porque siempre vamos a proporcionarles una mujer que les dé un hijo. Lo siento, no pueden parir, así son las cosas. Pero estamos en una sociedad en la que no se toleran las frustraciones más obvias que las determina la biología. Que un hombre o una pareja quiera tener un hijo por vientre de alquiler, yo le diría que puede adoptar. Si se trata de ser padre, de tener una criatura y una familia, que adopte, hay millones de niños en el mundo esperando tener una familia, eso sí es un derecho, el de los niños a tener familias que los críen y cuiden. Lo que no es un derecho es el de ser padre. El deseo existe, es loable y legítimo, pero el derecho a ser padre implica que se tenga que garantizar, y para garantizar a un hombre que va a ser padre hay que vulnerar los derechos fundamentales de una mujer reduciéndola a una simple vasija”, termina.

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