El origen secreto de las Fallas: una tradición centenaria que entró en conflicto con la Cuaresma
La celebración valenciana, que genera un impacto de más de 733 millones de euros, hace resurgir cada año a Valencia entre las llamas de los ninots
Madrid - Publicado el
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Las Fallas de Valencia ya han comenzado a llenar la ciudad de olor a pólvora, fiesta y tradición hasta el próximo 19 de marzo. Esta celebración, única en el mundo, genera un impacto económico superior a los 733 millones de euros y más de 6.000 puestos de trabajo, convirtiéndose en la fiesta nacional con mayor retorno. La quema de monumentos millonarios sigue fascinando a locales y extranjeros, un acto que resume un año de trabajo en unos instantes.
Una picaresca de origen centenario
Aunque tradicionalmente se ha vinculado el origen de la fiesta a la quema de trastos viejos por parte de los carpinteros en primavera, la historia podría remontarse mucho más atrás. El miembro de la Real Academia Cultural Valenciana, Baltasar Bueno Tárrega, explica en su libro 'La de las Fallas de Valencia' una teoría que sitúa el germen en el siglo XVI. Según el escritor Vicente Boix, todo comenzó con la rivalidad entre cristianos y moriscos, que se gastaban bromas y se picaban entre ellos.
Aquella costumbre consistía en hacer hogueras en las que se echaban monigotes, que con el tiempo evolucionaron hasta convertirse en las figuras estáticas que precedían a las llamas. "Una costumbre paralela a las hogueras era colgar en cuerdas de balcón a balcón monigotes de personajes del barrio, del pueblo, que eran objeto de crítica o de sátira", detalla Bueno. Este espíritu satírico y de fina ironía se ha mantenido como la esencia de la fiesta.
La fiesta que sustituyó al Carnaval
Una de las grandes paradojas de las Fallas es que ocupan el espacio en el calendario que en otros lugares corresponde al Carnaval, a pesar de compartir ese carácter satírico y de "catarsis social". Valencia, "una ciudad que vive en estado permanente de fiesta", según Bueno, no tiene una tradición de carnavales arraigada. "En el oasis que hay, aparecen las fallas, o sea, que las fallas ocupan el lugar de los carnavales, y es curioso", apunta el experto.
Este posicionamiento se refleja incluso en el interés digital, ya que un estudio de Google revela que las Fallas son las fiestas más buscadas en España, por delante de los Sanfermines y la Feria de Abril de Sevilla. Este fervor festero se extiende durante todo el año en la capital del Turia, con celebraciones como la de la Virgen de los Desamparados que sacan a los valencianos a la calle a la mínima oportunidad.
El histórico conflicto con la Cuaresma
La celebración en plena Cuaresma también ha generado sus propias particularidades, como la dispensa que otorga el arzobispo para poder comer carne el 19 de marzo. Sin embargo, esta convivencia no siempre fue pacífica. En los años 40, el arzobispo Marcelino Olaechea intentó cambiar la fecha de las Fallas a mayo para no interferir con el calendario litúrgico, lo que provocó un auténtico "amotinamiento en Valencia".
A pesar de ser una figura progresista para la época, que se enfrentaba al régimen de Franco, su propuesta de mover la fiesta de San José al San José Obrero del 1 de mayo fue rechazada de plano por la sociedad valenciana. Hoy, la fiesta convive con la solemnidad religiosa, llegando a solaparse en ocasiones las bandas de música y los petardos con las procesiones del Domingo de Ramos.
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