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CINE DOCUMENTAL

Carles Bosch, autor de "Petitet": "Al gitano catalán se le debía un homenaje"

Carles Bosch, documentalista catalán que estuvo nominado al Óscar por su obra "Balseros" (2003), presenta ahora "Petitet", la historia de un percusionista gitano, hijo de uno de los palmeros de Peret, que se empeñó en llevar la rumba al Liceu de Barcelona.

  • Agencia EFE

Carles Bosch, documentalista catalán que estuvo nominado al Óscar por su obra "Balseros" (2003), presenta ahora "Petitet", la historia de un percusionista gitano, hijo de uno de los palmeros de Peret, que se empeñó en llevar la rumba al Liceu de Barcelona.

"Al gitano barcelonés se le debía este homenaje", ha señalado en una entrevista con Efe el director catalán, que verá su cinta en las salas españolas el próximo 8 de junio.

Bosch, director de "Bicicleta, cuchara, manzana", ganadora de un Goya, y nominado al Oscar en 2003 por "Balseros", explica a Efe que "hay un cierto orgullo de ciudad que se evidencia en la película; lo que ocurre con ella -que ya pasó cuando los gitanos lograron tocar en el Liceu-, es que produce una bocanada de aire fresco".

"Y en un momento duro como el que vivimos hoy en Cataluña, y pienses lo que pienses políticamente, esta película -que se inició mucho antes de lo que pasa ahora-, es la demostración de que en Barcelona había muchas ganas de buen rollo".

Joan Ximénez Petitet, percusionista durante años de Gato Pérez, otro ilustre rumbero catalán, prometió a su madre en su lecho de muerte que llevaría la rumba a un gran teatro de Barcelona.

Cumplir esa promesa requería reunir, al menos, a una veintena de músicos gitanos, todos amigos, gente estupenda pero indisciplinada, dice Bosch, y lograr el milagro de que se entendieran con una orquesta sinfónica.

Ahí, la cámara de Bosch entra en los ensayos, en sus casas y en el hospital donde le diagnostican miastenia gravis, una enfermedad neuromuscular autoinmune que le debilita los músculos y le hace perder vista. "Y eso que es un coqueto incorregible -comenta el director-, hasta el punto de pedir 'photoshop' para los carteles anunciadores".

El director cayó rendido a la historia del Petitet cuando se dio cuenta de que "no tenía ni la menor idea de lo que significaba 'sinfónica' y eso me gustaba. De hecho, tardé un tiempo en convencerme de que aquí había una película".

Pero el catalán se encontró "con un personaje muy potente que, para cumplir su promesa, tendría que pasar un montón de obstáculos", premisa de cualquier superhéroe, se ríe Bosch, si bien "éste es un héroe imperfecto y lleno de contradicciones".

"Petitet no sólo quiere cumplir una promesa; también quiere no quedarse arrinconado en el sofá, quiere seguir siendo el 'hombre' de la casa y ser reconocido, seguir siendo 'alguien'".

El documental es "muy gitano", reconoce Bosch, quien no esconde su admiración por un pueblo que lleva "cinco siglos asentado en Barcelona".

Porque Bosch, que también es periodista y ha realizado numerosos reportajes documentales televisivos, es de los que apuestan por "los segundos":

"Me pasó con 'Balseros' y también con 'Septiembres'(2007) -una intrahistoria de la cárcel de Soto del Real-. Aquí, hasta me hacía gracia que fuera hijo del palmero, no hijo de Peret", se ríe Bosch, no sin antes confirmar que "sin un buen palmero, no hay rumbero".

Sin embargo, en "Bicicleta, cuchara, manzana" (2010), la película sobre el Alzheimer del político Pascual Maragall, "no estaba el objetivo de salvarse, como es evidente en 'Petitet'. Sólo la enfermedad".

El caso es que lo lograron: el día que 'los Jordis' ingresaban en prisión, los gitanos ponían en pie las butacas del Liceu. Y piensan repetir, porque "está el grupo, están las partituras y el Liceu está en proceso de abrirse". Queda ver "el cómo", añade Bosch.

"Espero que algo así se haya hecho en otros sitios pero en Barcelona, la rumba está asociada a esa cultura que proviene de los gitanos catalanes. Es verdad que se habla más de la Nova Cançó y de Serrat y Lluis Llac, pero hemos tenido unos tíos que durante años hicieron una música que nos ha representado. Al gitano barcelonés se le debía un homenaje".

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