Parque de Atracciones de Artxanda: historia de un enclave que marcó a toda una generación
Durante la década de los 70 y 80, este parque, uno de los más modernos de Europa, atrajo a cientos de miles de personas antes de su cierre en 1990
Ruinas del anfiteatro del Parque de Atracciones de Artxanda
Bilbao - Publicado el - Actualizado
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En lo alto del monte Artxanda, con vistas privilegiadas sobre la ría y el casco urbano de Bilbao, se levantó en 1974 uno de los espacios de ocio más emblemáticos de la historia reciente de la capital vizcaína: el Parque de Atracciones de Artxanda.
Durante quince años, hasta su cierre definitivo el 9 de febrero de 1990, este recinto fue punto de encuentro para decenas de miles de familias vizcaínas y visitantes que buscaban diversión, música y panorámicas inolvidables.
La inauguración del parque respondió al deseo de dotar a Bilbao de una gran infraestructura de ocio moderno, similar a las que ya existían en otras ciudades europeas. La década de los setenta fue una etapa de cambios sociales y culturales en España, y el proyecto de Artxanda aspiraba a convertirse en un símbolo de modernidad para una ciudad tradicionalmente industrial.
Situado en una zona estratégica y accesible gracias al funicular de Artxanda —que ya desde principios del siglo XX conectaba el centro con la cima del monte—, si bien el acceso por carretera en vehículo y autobús daba lugar a numerosas retenciones, el parque combinaba naturaleza y entretenimiento. Desde sus instalaciones se podía contemplar una de las mejores vistas de Bilbao, lo que añadía un atractivo especial a la experiencia.
La inversión ascendió a unos 500 millones de pesetas (3 millones de euros), ofrecía trabajo a más de 100 empleados y se le consideró uno de los parques de atracciones más modernos de Europa.
atracciones
El Parque de Atracciones de Artxanda contaba con una amplia oferta pensada para diferentes edades y con numerosas zonas de restauración. Entre sus instalaciones más recordadas se encontraban una enorme pista de autos de choque, una noria de gran altura, montañas rusas y tiovivos infantiles, sin olvidar un mini-zoo y uno de sus grandes reclamos, una amplia pista de kárting.
"Tengo grabado en mi memoria que había una especie de casa muy loca, La Casa Magnética, que tenía un suelo con algo de pendiente que costaba subir, dentro de una habitación. Y unos tubos circulares que cada uno giraba hacia un lado y te caías, además de los animales. Y por supuesto, las pirámides, que me fascinaban", recuerda Lydia, a la que le "encantaba" visitar este recinto.
Otro de los elementos más destacados era su piscina recreativa, muy popular durante los meses de verano. Para muchas familias bilbaínas, subir a Artxanda en vacaciones o fines de semana se convirtió en una tradición casi ritual.
"Aunque vivía en Plentzia, y en verano teníamos al lado la playa, íbamos muy a menudo al Parque de Atracciones y a su piscina, nos quedábamos toda la tarde y disfrutábamos ya de las atracciones. Tengo muy buenos recuerdos. Por ejemplo, de su montaña rusa, que igual ahora sería hasta pequeñita, pero entonces se salía de lo usual y de lo que te encontrabas en unas barracas. Estuve también en un concierto de Albert Hammond, que accedimos al camerino y nos firmó un autógrafo en el brazo. Y liamos una, porque viendo a los animales, una amiga le dio un cacahuete a un mono, que estaba prohibido hacerlo, y el mono la mordió. Nos cayó una buena bronca y le tuvieron que poner antitetánica, antirabia, antitodo... Cogíamos el autobús junto al Ayuntamiento de Bilbao. Pasamos muy buenas tardes allí", rememora Idoia.
Por su parte, Sara, que ahora tiene 63 años, visitó muchas veces el Parque de Atracciones de Artxanda "entre los 10-11 años, hasta los 16". "Nos desplazábamos desde Galdakao, desde donde se accedía fácil, y entre las atracciones recuerdo su lago con barquitos, una casa con espejos que te deformaba la imagen, el zoo y el anfiteatro, donde hubo muchos conciertos con artistas importantes de la época, como Mocedades. Yo, por ejemplo, estuve en uno de Gontzal Mendibi eta Xeberri en sus comienzos".
Parque de Atracciones de Artxanda
lugar de socialización
El parque, que cubría 10 hectáreas, no solo ofrecía adrenalina y diversión, sino también un entorno de convivencia. En una época en la que los grandes centros comerciales aún no ocupaban el protagonismo actual, Artxanda era un lugar de socialización, de primeras citas, de excursiones escolares y de celebraciones familiares.
Más allá de las atracciones, uno de los grandes atractivos del parque fue su anfiteatro al aire libre, con capacidad para casi 5.000 espectadores. Este espacio acogió numerosos conciertos y eventos culturales.
Por su escenario pasaron artistas y grupos como Gwendal, Miguel Bosé, Oskorri, Mocedades, Radio Futura, Torrebruno, Gloria Gaynor, Albert Hammond, Mecano, Bertín Osborne, Patxi Andion, Alaska....
El anfiteatro ofrecía una experiencia singular: música en directo con la ciudad extendiéndose a los pies del escenario, un momento especialmente mágico al caer la noche.
Estos conciertos reforzaron el papel del parque como espacio cultural. Durante varios veranos, Artxanda fue un referente para la música en vivo en Bilbao.
declive
A pesar de su popularidad inicial, el parque comenzó a experimentar dificultades económicas con el paso de los años. La crisis industrial que afectó con dureza a Bilbao y a toda Bizkaia a finales de los setenta y durante los ochenta, redujo el poder adquisitivo de muchas familias. El descenso de visitantes y los elevados costes de mantenimiento de las instalaciones fueron minando la viabilidad del proyecto.
Se preveía un millón y medio de visitantes anuales, aunque en el mejor de los años solo se llegó al medio millón, descendiendo esta cifra de forma progresiva hasta que, en 1988 fueron únicamente 120.000 los visitantes anuales
Además, el modelo de ocio empezó a cambiar. La aparición de otros espacios recreativos y la necesidad de inversiones constantes en seguridad y modernización de las instalaciones complicaron aún más la situación.
Finalmente, en 1990, el Parque de Atracciones de Artxanda cerró sus puertas de manera definitiva. Para muchos bilbaínos, la noticia supuso el fin de una etapa cargada de recuerdos.
Tras su clausura, las atracciones fueron vendidas y las instalaciones fueron quedando en desuso. Sin embargo, el recuerdo del parque sigue muy presente en la memoria colectiva de la ciudad.
Para quienes lo vivieron, el sonido de los coches de choque y los acordes de los conciertos en el anfiteatro forman parte de una historia compartida. El Parque de Atracciones de Artxanda no fue solo un recinto de ocio: fue un símbolo de una generación que miraba al futuro desde lo alto del monte, con Bilbao extendiéndose a sus pies.