"Había días que no comía para poder ahorrar y pagar a ETA"

Pedro, una víctima de extorsión, cuenta la dura experiencia que aún le afecta psicológicamente. Escucha su testimonio 

"Una abuela le dijo a su nieto al verme: tu tendrás que coger una pistola y matar a esta gente"

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Tiempo de lectura: 1'Actualizado 15:38

Hoy en COPE Euskadi hemos entrevistado a una de las víctimas de extorsión que han vivido la dura experiencia de verse amenazadas si no pagaban el llamado "impuesto revolucionario" durante los años del terrorismo de ETA.

Pedro es una de esas víctimas. Aún continúa con tratamiento piscológico y han tenido que pasar muchos años hasta que se ha atrevido a contar su terrible experiencia. Trabajaba en Iberdrola como "gestor de expropiaciones y permisos" y un día en el casco viejo de Bilbao le metieron en un coche y le llevaron junto a la Basílica de Begoña para mostrarle el lugar donde habían asesinado a un compañero suyo, Ángel Pascual. Antes, en una visita por trabajo a un caserío, una abuela le dijo a su nieto, refiriéndose a Pedro : " tú tendrás que coger un día una pistola y matar a esta gente ".

Tras estos episodios llegaron las cartas. La vida de Pedro cambió radicalmente, al menos en torno a su salud psicológica. Escucha su testimonio en la entrevista que ha ofrecido a COPE Euskadi.

En los años del terrorismo los métodos de extorsión de ETA incluían el envío de cartas amenazantes a empresarios vascos, en las que se exigía el pago de ciertas cantidades de dinero a cambio de que sus bienes e incluso su vida o la de su familia no corrieran peligro. Muchos amenazados denunciaron estas prácticas pero es difícil determinar cuántos  pagaban en silencio ante el terror psicológico impuesto por la banda terrorista.

El mismo año de la disolución de la banda, 2011, pero en el mes de marzo, el presidente de la Confederación de Empresarios de Navarra , José Antonio Sarria,recibió una carta que pedía que  comunicara a los empresarios y a la sociedad  que se cancelaban los pagos exigidos . Los pagos cesaron, las secuelas del sufrimiento continúan.

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