Juan Echenique recupera la historia de personajes más populares de Pamplona a través de sus motes: "Para que sepan que he venido"

El autor Juan Echenique rescata del olvido a figuras como 'Uve', 'Maxi la cutera' o 'Pantierno', cuyas vidas y apodos forman parte del imaginario popular navarro

Alberto Sanz

Pamplona - Publicado el

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Los motes son una seña de identidad en Navarra, una costumbre tan arraigada que, en muchas cuadrillas, superan a los nombres de pila. Así lo explica el escritor Juan Echenique, autor de la trilogía 'Secretos de Pamplona', quien ha repasado la historia detrás de algunos de los apodos más icónicos y de los personajes que los llevaron, especialmente en la capital navarra.

Uve, el futbolista imaginario de Osasuna

Uno de los personajes más entrañables para Echenique es Wenceslao Lecumberry, más conocido como 'Uve'. Nacido en 1906 en la calle Descalzos de Pamplona, padecía oligofrenia, una condición que le hizo mantener una mentalidad infantil durante toda su vida, convirtiéndolo en 'un pedazo de pan' y en un personaje muy singular.

En su mundo de fantasía, 'Uve' fue primero torero y, más tarde, un importante futbolista de Osasuna. Según relata Echenique, buscaba a las cuadrillas de chavales para contarles sus hazañas imaginarias en el campo, donde siempre era la gran figura que marcaba el gol de la victoria.

Uve solo tenía un discurso, el de Osasuna, y una camiseta, la rojilla"

EFE/Jesús Diges

Establecimiento de hostelería de la calle Estafeta de Pamplona.

El periodista José Miguel Iriberri lo describió en un artículo de 1992 como un hombre 'alto, desgarbado, que andaba como a rastras y arrastraba las palabras al hablar'. Echenique recuerda, citando a Iriberri, que 'Uve solo tenía un discurso, el de Osasuna, y una camiseta, la rojilla'.

Su osasunismo era tan conocido que, en su entierro, el capellán de la Meca lo definió como 'un cristiano de primera división'. Además, Miguel Ángel Alústiza recordó las palabras de un homenaje que se le brindó en 1980: 'osasunista, el primero, pamplonés al 100 por 100, amigo del mundo entero'.

Maxi la Cutera y Olla, una pareja peculiar

Otro personaje irrepetible de la Pamplona de finales del siglo XIX y principios del XX fue Máxima Ayerri, apodada 'Maxi la cutera'. Echenique explica que era una mujer que 'iba siempre sucia, desaliñada, llena de barro', que vivía en la Rochapea y recogía restos de comida para los cerdos con los que, se decía, dormía.

Pese a su aspecto, se rumoreaba que 'Maxi era en realidad una persona rica'. Aunque es algo que nunca se sabrá con certeza, consta que en 1938 denunció el robo de '100 pesetas' que guardaba bajo un colchón, una suma de dinero considerable para la época.

Estaba casada con Ramón Olla Karizqueta, conocido como 'Olla', un carpintero con un taller tan pequeño en la calle San Agustín que 'cuando estaba cerrando, el codo le asomaba a la calle'. Era un gran aficionado a las cartas y las apuestas, y su fama de tramposo le costó 'más de un disgusto'.

Además de por sus trampas, Olla pasó a la historia por ser el autor de la canción 'El Pispiri', un tema de letra 'verdaderamente limitada' pero que se convirtió en un éxito popular en los Sanfermines, según documentó el historiador José Joaquín Arazuri.

Pintamonas, Pantierno y CaraVinagre

También a caballo entre dos siglos vivió Esteban Baigorotegui, 'El Pintamonas'. Natural de Estella, se trasladó a Pamplona, donde se ganó la vida como 'aguador', llevando agua de las fuentes a las casas. Este personaje, que sufría una discapacidad intelectual, tenía una costumbre particular cuando no le abrían la puerta.

Para que sepan que he venido"

Si no obtenía respuesta, echaba el agua por debajo de la puerta diciendo: 'Para que sepan que he venido'. El apodo se lo ganó por su costumbre de pintar en las paredes, algo que no le gustaba y que le llevaba a perseguir a los niños. Su memoria perdura en el nombre popular de la 'Calleja de Pintamonas'.

La lista continúa con Luis Tierno Marqueta, alias 'Pantierno', nacido en Pamplona en 1894. Este 'chatarrero' recorría las calles recogiendo todo lo que encontraba y tenía una rutina peculiar: 'cada 25 pasos daba la vuelta sobre sí mismo y seguía caminando'.

Finalmente, Echenique habla del popular 'Caravinagre', el cabezudo 'más joven' de la comparsa. Su creación data de 1941, cuando el Ayuntamiento de Pamplona encargó su construcción, junto a la de Berrugón, a un taller de Valencia.

Sobre el origen de su nombre, la teoría más extendida es que se debe a su 'Caravinagre'. Otras hipótesis apuntan a que podría ser el retrato de un antiguo guarda de jardines con 'mala leche' o un autorretrato caricaturizado de su creador, Vicente Rodilla.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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