El viaje de Nines de Logroño a Madrid en el tren Alvia que ha durado seis horas y media: Todos pendientes de la misma pregunta
Un viaje en el tren Alvia de Logroño a Madrid eterno, seis horas y media. Nieve, retrasos y paciencia, ¿Llegaremos a tiempo?
Trenes de Renfe
Logroño - Publicado el
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Nines ha empezado su día madrugando más de lo habitual, a las 6:00 ya estaba en la estación de Logroño, con el abrigo bien cerrado y el billete en el móvil, lista para subir al Alvia con destino Madrid-Puerta de Atocha-Almudena Grandes. Su tren debía salir a las 6:25, pero desde el primer momento las cosas se complicaron.
A las 6:20, la megafonía de la estación anunciaba que no sabían cuándo partiría el tren, y que, como mínimo, el viaje comenzaría a las 7:30. La espera arrancó una larga jornada que pondría a prueba la paciencia de todos los pasajeros.
Estación tren de Logroño
Cuando el Alvia finalmente arrancó, una hora tarde, la situación no mejoró. Mensajes continuos de Renfe informaban sobre nuevos retrasos, y el viaje previsto para llegar a Madrid a las 10:00 de la mañana se alargaba minuto a minuto.
Los problemas en la línea de alta velocidad Barcelona-Zaragoza-Madrid se han visto agravados por las múltiples incidencias registradas desde el trágico accidente del 18 de enero, cuando un tren Iryo descarriló en Adamuz (Córdoba) y colisionó con un Alvia que circulaba por la vía contigua, dejando un balance devastador de 45 víctimas mortales.
Nines relataba desde el vagón cómo el tren iba lleno y la gente visiblemente molesta, todos pendientes de la misma pregunta: “¿Llegaremos a tiempo?”. A medida que el trayecto avanzaba, los retrasos se multiplicaban, primero 80 minutos, luego 120, mientras la nieve cubría Navarra y Guadalajara, tiñendo el paisaje de blanco.
La combinación de paradas intermitentes, tensión dentro del tren y la incertidumbre sobre la llegada convirtió un trayecto que normalmente dura unas cuatro horas en una auténtica odisea de casi seis horas y media.
Finalmente, poco después de la 1:00 de la tarde, el Alvia entró en Madrid-Atocha, agotando a pasajeros como Angelines, que pasaron la mañana entre la nieve y la impaciencia.