El relato de Aurora, madre de Auba, pone voz a la dura realidad del cáncer infantil
El testimonio de la madre de la pequeña, fallecida a los cinco años, y de una psicóloga de Aspanob revela el impacto del diagnóstico y la importancia de la esperanza

Mallorca - Publicado el
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Detrás de cada diagnóstico de cáncer infantil hay una familia que aprende a convivir con el miedo y la incertidumbre. Es la historia de Aurora, la madre de Auba, una niña que falleció el pasado 28 de octubre a los cinco años. Su testimonio, junto al de Teresa, psicóloga de la Asociación de Padres de Niños con Cáncer de Baleares (Aspanob), pone voz a una realidad que a menudo permanece en silencio.
Un diagnóstico que lo cambia todo
Todo comenzó hace casi tres años, cuando las profesoras de Auba alertaron a la familia. Tras varias pruebas en el hospital, llegó la noticia. "Fue muy duro, nos vinimos abajo enseguida, pero nos dieron muchas esperanzas", recuerda Aurora. Aquel momento inicial de shock dio paso a la necesidad de confiar en los profesionales y seguir adelante.
La psicóloga de Aspanob, Teresa, explica que las primeras 48 horas tras la noticia suelen ser de desconcierto, rabia y un profundo sentimiento de injusticia. "Poco a poco van incorporando lo que es el futuro a medio plazo", señala. Con la ayuda de profesionales, las familias trabajan para reestructurar sus rutinas y alcanzar un nuevo equilibrio vital.
La clave: cuidar al cuidador
El acompañamiento psicológico es "un traje a medida", adaptado a las circunstancias y estrategias de afrontamiento de cada persona. Teresa subraya la importancia del autocuidado para los padres, utilizando una poderosa analogía: "Como dicen en los aviones, no ayudes a otro pasajero hasta que tú no te hayas puesto la mascarilla". Es fundamental que el cuidador principal garantice su propio descanso, alimentación y algo de ejercicio para poder sostener la situación.
No ayudes a otro pasajero hasta que tú no te hayas puesto la mascarilla"
Psicóloga de Aspanob
Auba padecía una alteración en un gen que propiciaba una mayor probabilidad de tener cáncer. A pesar de la dureza, Aurora recuerda que también hubo momentos de luz. Cuando le quitaron el primer tumor y superó la quimioterapia, la familia celebró que, entre comillas, lo había superado. "Ha habido un rayo de luz y una preocupación infinita, porque siempre sabíamos que podíamos pasar miedo de que le volviera a suceder", confiesa.
Un mensaje para las familias
Para las familias que acaban de recibir un diagnóstico similar, Aurora envía un mensaje claro: "Que hay esperanza, que no tiren la toalla, que sean fuertes". Aconseja aprovechar cada instante, porque "son únicos e irrepetibles, tenga cáncer o no". Su recomendación final es un lema de vida: "Intentar ser lo más feliz posible y vivir el momento, el día a día, y mañana ya se verá".
Vivir el momento, el día a día, y mañana ya se verá"
Madre de Auba
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



