El RCD Mallorca se asoma al abismo, encadena ante el Celta (2-0) la tercera derrota consecutiva y se muestra como un equipo que ha dejado de creer
Los bermellones no tiran ni una sola vez a puerta en Balaídos, deja una imagen paupérrima y enciende el debate sobre la continuidad de Jagoba Arrasate
Mallorca - Publicado el - Actualizado
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Se podría decir que el RCD Mallorca ha tocado fondo si no fuera porque nadie puede asegurar que la situación no pueda empeorar. El comportamiento del equipo bermellón en Balaídos fue el de un equipo perdedor, derrotado de antemano, temeroso y sin nivel para jugar en Primera División.
Uno de los partidos del Mallorca más tristes que se recuerdan, porque tristeza es lo que transmite el equipo y su entrenador, Jagoba Arrasate, una imagen de equipo agotado, angustiado, voluntarioso pero muy, muy pequeño. Porque un equipo pequeño es el que trata de fiarlo todo a que no pase nada, a intentar buscar el empate y encontrar por azar alguna opción atacante. El balance es paupérrimo, 7-0 en tiros a puerta a favor del Celta, un buen equipo que ante los bermellones casi pareció la España de Luis De la Fuente, superando en talento y en intención al Mallorca, que no tiró una sola vez entre los tres palos.
Arrasate sorprendió con la formación y la alineación. De nuevo volvió a la defensa de cinco pero sacrificando al defensa que estaba más en forma, David López, para la vuelta del capitán, Antonio Raíllo, que mostró los partidos que lleva sin competir. De hecho le pitaron un penalti muy protestado y antes pudieron haberle pitado otro cuando agarró desde el suelo de Williot. El que le pitaron por agarrón a Borja Iglesias puede discutirse por la falta de costumbre, pero no porque no sea penalti. Ocurre que lo pitan cuando les da el aire, dentro de esta falta de criterio que hay en el arbitraje nacional. Para Arrasate y Raíllo no era penalti, pero agarrón hubo. La cuestión es que el penalti es un argumento goloso al que agarrarse pero no un argumento serio para analizar la derrota en Balaídos.
Que Iago Aspas iba a marcarle a los bermellones cuando entró en la segunda parte ni cotizaba, le basta un poco de su calidad.
Estábamos con la alineación y la defensa, Maffeo como central, Raíllo y Valjent, con Antonio Sánchez cerrando el carril derecho y Lato en el izquierdo. En medio Mascarell, flanqueado por Samú y Darder, con Virgili y Muriqi arriba.
Si se supo que jugaba Virgili, que no tuvo ninguna opción de asociarse, porque el Mallorca tuvo siempre el balón en zona de confort. Y a Muriqi se le vio por la amarilla nada más comenzar y algún forcejeo más en los balones directos.
Para acabarlo de arreglar, con el equipo perdiendo el técnico les sustituía, un cambio que aún está intentando asimilar el goleador. Hay que tener un rendimiento muy pobre para teniendo a una de las sensaciones de la liga, Virgili, y al segundo máximo goleador, Muriqi, el equipo esté en descenso.
Sin extremos.-
Lo más contradictorio es que el técnico se ha tirado meses esperando extremos para completar su esquema, con Virgili en un lado y el otro para alguno de los jugadores que han llegado. Luvumbo ni entró al partido ayer, Kalumba ni ha debutado. De hecho, ayer no hubo extremos, ya que Virgili jugó por dentro y jugó con laterales largos.
Parece que el mensaje del técnico está claro, no han llegado los jugadores que quería y no piensa contar con ellos. Mientras los apuntes sobre Kalumba son positivos por cómo entrena y por las cualidades que hicieron que el Mallorca lo fichara. Luvumbo, que había entrado en la segunda mitad ante el Betis, ante el Celta ni entró al partido.
Más allá de sistemas y elección de jugadores, lo que se ve es un Mallorca que ha dejado de creer en nada de lo que hace, las cosas se pueden entender pero otra cosa es aplicarlas. Se puede apalear al equipo por el bajo rendimiento, pero lo cierto es que no hay ningún jugador salvo el goleador y la frescura del chico recién llegado a Primera que esté en su mejor versión esta temporada.
El Mallorca sigue en descenso, a un punto del Elche y a dos de Rayo, Alavés y Valencia, los dos primeros con un partido menos. La situación clasificatoria es delicada, pero subsanable. La situación del equipo es crítica, y nadie sabe si es subsanable con estos mimbres y sin cambiar nada.