"El Último Pan de Tani": la panadería centenaria que agoniza en silencio en un rincón de Extremadura
Desde la posguerra hasta hoy, tres generaciones han horneado pan con leña y manos curtidas

Tani panadero
Mérida - Publicado el - Actualizado
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En Guijo de Santa Bárbara, un pequeño pueblo de Extremadura, entre el aroma de la leña y la harina, sobrevive una de las panaderías más auténticas y tradicionales de España: la panadería de Tani. Fundada tras la Guerra Civil por sus abuelos, el negocio ha sido testigo de casi un siglo de historia, trabajo y dedicación familiar. Pero hoy, esa historia parece llegar a su fin.

Panadería Tani
"Mi abuelo traía el pan desde otro pueblo en un caballo... luego él lo vendía aquí" —rememora Tani, actual y último panadero de la familia. Su relato es el de una España rural que ya casi no existe, donde cada hogar amasaba su pan y lo llevaba al horno comunal para cocerlo.
La panadería no tiene cámaras de fermentación, ni maquinaria moderna: solo fuego, tiempo y manos. "Yo me levanto, hago el pan y me espero a que fermente... todo se hace a mano", dice Tani con una sencillez que contrasta con la profundidad de su oficio.
Durante el invierno, apenas vende unos 120 panes al día, todos desde su propia casa. No reparte. No hay reparto. El que quiere pan, lo busca. Pero cuando llegan fechas como Semana Santa o el verano, las ventas se triplican. La fama de su pan ha llegado tan lejos que fue reconocido como uno de los mejores de Extremadura.
Sin embargo, esta historia con sabor a leña y tradición tiene fecha de caducidad. Su hijo no quiere continuar el oficio. "El día que yo cierre, no hay ya relevo", dice con resignación. Su hija vive en Madrid y su hijo, aunque ayuda de vez en cuando, no tomará el relevo. "Una pena, ¿no? Pero es así la vida" concluye Tani.
Y así, como se enfría el horno tras el último pan del día, se apaga lentamente una historia que huele a masa madre, a pueblo, a memoria.



