El derribo del José Pache rompe al histórico 'Cachola': "Se me saltaron las lágrimas"

El que fuera presidente y alma del Cerro de Reyes en su época dorada revive la historia del club y lamenta la demolición del estadio 

Miriam Garriga

Badajoz - Publicado el - Actualizado

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La demolición del estadio José Pache ha removido a muchos pacenses, entre ellos a  Antonio Olivera, 'Cachola', el alma del Cerro de Reyes durante su época más brillante. "Se me saltaron las lágrimas el otro día cuando vi las máquinas", ha confesado, lamentando la pérdida de unas instalaciones que marcaron la historia del fútbol en Badajoz.

Su vínculo con el club sigue tan vivo que se cuela incluso en lo cotidiano. Cuenta que, cada vez que pasa por allí, conduciendo, no puede evitar girar la cabeza hacia los terrenos del antiguo estadio, hasta el punto de que su mujer le advierte entre bromas del peligro de despiste. “Verlo ahora destruido, con la falta que hace en Badajoz campos de fútbol, ha sido una pena”, lamenta.

El sueño de un club de barrio

Cachola aterrizó en el Cerro de Reyes hace 22 años con la idea de coger un equipo "para disfrutar" y, en un proyecto de más de una década, lo llevó de Preferente a la Segunda División B. La clave del éxito, según ha relatado, fue la comunión con sus raíces. "El club era un club de barrio, que en eso el fútbol, cuando hay un buen barrio, pues te arropan mucho".

El club era un club de barrio, que en eso el fútbol, cuando hay un buen barrio, pues te arropan mucho

Antonio Olivera

Ex presidente AD Cerro de Reyes

Este respaldo empujó al equipo a vivir hitos históricos, como la eliminatoria de Copa del Rey frente al Sevilla FC, que congregó a 7.000 personas y trajo al José Pache a figuras como Dani Alves, Julio Baptista o Darío Silva, o incluso llegar a situarse por momentos por encima del CD Badajoz, el primer equipo de la ciudad.

Un final doloroso y un futuro incierto

El final de su era fue doloroso, admite. Ante las dificultades económicas, buscó una salida y cedió el club gratuitamente a un empresario. "Se lo regalé, o sea, yo no percibí ni un céntimo", ha asegurado. Tras la desaparición del club, el campo cayó en desuso y sufrió un progresivo deterioro que lo convirtió en un espacio en ruinas.

Esta semana, la demolición ha culminado con el derribo de las últimas estructuras. Los terrenos, propiedad de la Junta de Extremadura, no tienen aún un uso definido, aunque el planeamiento urbanístico contempla la posibilidad de construir viviendas, cerrando así el capítulo de uno de los campos más reconocibles del fútbol modesto extremeño.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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