El Jardín de Parcent desvela la historia del palacio que Valencia perdió y la lucha por su futuro
Lo que hoy es un degradado espacio en el centro de Valencia fue un imponente palacio del siglo XVII cuyo proyecto de remodelación enfrenta a los vecinos con el Ayuntamiento

Valencia - Publicado el
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A menudo, el valor patrimonial de los elementos históricos no se aprecia hasta que se aborda su remodelación. Esto es lo que sucede con el Jardín de Parcent, un espacio que hoy ocupa el solar de lo que fue un antiguo palacio del que apenas se conservan algunas piezas. Según explica César Guardeño, presidente del Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural, el origen de este lugar se remonta a un gran palacio del siglo XVII vinculado a la familia Cernecio, una de las más importantes de la época.
La historia del palacio se inicia en 1635, cuando Constantino Cernesio compró un gran caserón en la antigua calle de Vilarrasa, muy cerca de los Santos Juanes y el Mercado Central. El edificio no nació como una estructura única, sino que "se va ampliando a lo largo del tiempo", explica Guardeño. La familia, que adquirió el título de condes de Parcent en 1649, fue unificando fachadas e interiores hasta ocupar toda la parcela del actual jardín, impulsada por su riqueza proveniente del comercio de textiles y seda y sus vínculos con el papa Inocencio XI.
De la opulencia al derribo
El palacio vivió una época de gran esplendor en los siglos XVIII y XIX, albergando una pinacoteca con obras de Ribalta y Espinoza que, en su mayoría, acabaron fuera de Valencia. Sin embargo, el siglo XX trajo su decadencia. La familia propietaria se trasladó a Madrid y el edificio comenzó a alquilarse para diversos usos, como talleres, una escuela o la sede de una organización de ciegos, antecedente de la ONCE. En los años 40 se barajó convertirlo en la sede del Museo de Bellas Artes, pero el proyecto no prosperó.

Jardín de Parcent
El Ayuntamiento de Valencia compró el inmueble en el año 1954, pero no para restaurarlo, sino con planes que nunca se concretaron. Tras años de abandono, el detonante de su final llegó en abril de 1965, cuando un derrumbe en la zona de la cocina mató a una de las inquilinas. "Este trágico accidente sirvió de excusa perfecta", señala Guardeño, para declarar el estado de ruina inminente y proceder a su derribo completo ese mismo año, a pesar de las voces que pedían conservar, al menos, la fachada.
Hoy, lo único que se conserva es la portada de entrada, que fue trasladada piedra a piedra su ubicación actual en la calle Santa Teresa. Las cuatro esculturas que adornan el jardín y representan los continentes no son originales del palacio. Según aclara Guardeño, el consistorio las compró en 1968 a un particular para decorar la plaza, pero no pertenecían a los condes de Parcent.
Un rediseño sin consenso vecinal
La controversia actual surge con el proyecto de remodelación del jardín. Luis Mira, presidente de Amics del Carme, denuncia que, tras una reunión informativa en 2023, no han tenido más noticias hasta descubrir que "el proyecto está ya firmado y a punto de licitarse". Los vecinos critican la falta de un proceso participativo, que consideran obligatorio por normativa urbanística para un espacio catalogado como "espacio libre".

Rediseño según los vecinos
La postura de las asociaciones de El Carme, Mercat y Velluters es de total rechazo a que el Ayuntamiento se limite a "copiar el diseño que hay actualmente". Argumentan que si el jardín "no ha funcionado para mejorar socialmente el entorno" en más de cincuenta años, es necesario un rediseño completo. El concejal responsable, según Mira, les ha trasladado que "hay un dictamen de la Comisión de Patrimonio que va a misa", a lo que los vecinos responden que dicha comisión "está equivocada, porque es humana" y debe escuchar a los residentes.
Hay un dictamen de la Comisión de Patrimonio que va a misa"
Presidente de la Asociación de Vecinos Amics del Carmen
Un jardín hostil que pide ser un refugio climático
El malestar vecinal se debe a que el diseño actual ha contribuido a la degradación de la zona, convirtiéndolo en un lugar evitado. "Es un espacio muy poco amable para los vecinos, que ni siquiera nos atrevemos a cruzarlo", lamenta Mira. Describe el jardín como "cercado por una valla", "restringido" y "muy dictatorial". Por ello, los residentes exigen que se aproveche la oportunidad para rediseñar el espacio y convertirlo en un refugio climático que responda a las necesidades actuales de la ciudadanía, cumpliendo con la normativa y el acompañamiento vecinal.
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