Las interferencias del GPS en los aviones son mucho más frecuentes de lo que se cree
La Politécnica de Valencia lidera un proyecto pionero europeo que busca mejorar la vigilancia aérea sin depender del GPS, lo que también permitirá reducir la contaminación en vuelos transoceánicos

Imagen del tráfico en la APP Fly Radar
Valencia - Publicado el - Actualizado
2 min lectura9:53 min escucha
La Universidad Politécnica de Valencia, a través del grupo SNA-ITACA, está desarrollando un proyecto pionero a nivel europeo que podría transformar radicalmente la seguridad y eficiencia del tráfico aéreo global. Se llama SATERA y su objetivo inicial era mejorar la gestión del tráfico aéreo sobre espacios no vigilados desde tierra, como los océanos, para así reducir emisiones contaminantes. Sin embargo, con el tiempo ha cobrado un valor añadido inesperado: podría ser clave para garantizar la seguridad de los vuelos en zonas donde el GPS está siendo saboteado o interferido.
“Nuestra idea original era cubrir zonas sin vigilancia para optimizar rutas y reducir emisiones, pero descubrimos que el sistema también permite ubicar aviones incluso si el GPS no funciona”, explica Juan Vicente Balbastre, coordinador del proyecto en Herrera en COPE Comunidad Valenciana.

La realidad que subraya Balbastre es inquietante: “Las interferencias del GPS son mucho más frecuentes de lo que se cree. Basta con mirar la aplicación Flyradar para ver que zonas como el mar Negro o el Báltico están permanentemente marcadas en rojo”. Incluso vuelos de autoridades como la presidenta de la Comisión Europea o la ministra de Defensa de España han experimentado estas interferencias.
Este proyecto se basa en una constelación de satélites de órbita baja, similares a los de Starlink, que detectan las señales que emiten los aviones. “Cronometramos el tiempo en que esas señales llegan al satélite, y con fórmulas matemáticas determinamos la posición exacta del avión, sin necesidad de GPS”, detalla Balbastre.
Aunque el desarrollo es lento —como todo en el mundo de la aviación—, el equipo ya está en fase de simulaciones y cálculos matemáticos. Después tocará demostrar que se puede desplegar una constelación de unos 200 satélites a un coste asumible. “No esperamos que este sistema esté operativo antes de 2045”, admite Balbastre, consciente de los plazos que maneja la industria aeronáutica.
Pero más allá de la seguridad, el verdadero núcleo del proyecto está en la sostenibilidad. Actualmente, los aviones que cruzan el Atlántico siguen rutas fijas para evitar colisiones debido a la falta de vigilancia directa. “Con vigilancia continua, podríamos permitir que cada avión elija su trayectoria óptima, reduciendo así el consumo de combustible y las emisiones”, apunta el investigador.
No se trata de una mejora menor: hablamos de miles de vuelos diarios que podrían dejar una huella de carbono significativamente menor. Es un paso más hacia los objetivos de emisiones cero que se ha marcado la Comisión Europea para las próximas décadas.
Con este sistema, Europa aspira a tener un control aéreo independiente del GPS, más seguro y, sobre todo, mucho más verde. Y lo está liderando una universidad valenciana.
“Nos queda mucho camino, pero creemos que esta tecnología puede marcar un antes y un después en cómo volamos y cómo cuidamos el planeta”, concluye Balbastre.



