Can Quixal, el único horno de Planoles cierra 38 años después: "no hay relevo porque no hay vivienda asequible"

Tras 38 años al frente de Can Quixal, en Planoles, sus dueños se jubilan y buscan un sucesor, pero la escasez de pisos dificulta encontrar a alguien

Fachada de "Can Quixal"
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Leonor Bernat, actual propietaria del horno

Yolanda Canales

Barcelona - Publicado el

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Can Quixal, el único horno de pan de Planoles (Ripollès), se prepara para apagar sus fogones de forma definitiva. Sus propietarios, Leonor Bernat y Sebastià Quixal, han decidido jubilarse después de 38 años al frente del negocio, un referente no solo para los vecinos del pueblo, sino también para las localidades de los alrededores. Ahora, la principal preocupación es encontrar un relevo que garantice la continuidad del servicio, pero la falta de vivienda en la zona se ha convertido en el principal escollo. "Nos gustaría que fuera alguien que viniera a vivir aquí, que hiciera pueblo y creara una familia como hicimos nosotros", explica Leonor, resumiendo el sentir de una vida dedicada al obrador. Desde que anunciaron su jubilación, han recibido muestras de interés, pero de momento no hay nada cerrado.

Una vida llena de tradición

La historia de Can Quixal comenzó hace casi cuatro décadas, cuando Leonor Bernat, con solo 22 años, y su marido Sebastià Quixal, hijo de familia de panaderos, decidieron dejar Sabadell en busca de un cambio de aires. Aterrizaron en Planoles, un municipio que en aquel entonces contaba con medio centenar de comercios pero ninguna panadería. Con esfuerzo y visión, convirtieron un garaje en un obrador-botiga y levantaron el negocio desde cero, convirtiendo sus magdalenas y carquinyolis en auténticos emblemas de la casa.

"Cada día trabajamos mucho", admite Bernat sobre la exigencia del oficio. Aunque los horarios se han ido adaptando a la demanda, la dedicación ha sido constante. Cree que la profesión se está perdiendo porque sus horarios van "al revés de la gente", pero lo equilibra con la satisfacción personal y comunitaria que les ha reportado. "Ha de venir alguien con ganas de trabajar y se puede ganar la vida", asegura, insistiendo en la viabilidad del negocio. "Nosotros lo hemos hecho y hemos sido muy felices", añade. A lo largo de los años, la panadería ha sido un punto de encuentro que ha creado "vínculos" con vecinos, veraneantes y visitantes, muchos de los cuales han vuelto expresamente para despedirse tras conocer la noticia.

Leonor Bernat, actual propietaria del local

ACN

Leonor Bernat, actual propietaria del local

La fecha de cierre inicial estaba fijada para el 31 de marzo, pero el compromiso con su clientela les ha llevado a reconsiderarlo. "Por respeto y por nuestra conciencia, trabajaremos hasta pasada Semana Santa si no encontramos a nadie", subraya Leonor. La decisión refleja su gratitud hacia quienes les han apoyado durante tantos años: "lo que no podemos hacer es que la gente que nos ha dado tanto los dejemos con la puerta cerrada".

La importancia de Can Quixal trasciende los límites de Planoles. Así lo confirma Xavier Serraïma, un cliente habitual de Navàs, quien confía en que se encuentre un relevo porque la panadería "hace mucha falta". Su testimonio pone de manifiesto una realidad mayor: "No es el horno de Planoles, es el de todos los pueblos del alrededor". Para él, como para muchos otros, el cierre supondría tener que desplazarse 10 kilómetros por la collada de Toses hasta la panadería más cercana, en Ribes.

Barras de pan expuestas

Barras de pan expuestas

Además, la pérdida no sería solo la del pan de cada día. "Alguien te puede suplir un saco de pa, pero también quieres coca, magdalenas... es el placer, no solo del pan", añade Serraïma, destacando el valor añadido de los productos artesanales que han dado fama al establecimiento y que forman parte de la cultura gastronómica de la zona.

La vivienda, el muro que frena el futuro

Tanto los propietarios como el Ayuntamiento coinciden en que la falta de vivienda es el principal obstáculo. Para el alcalde, David Verge, el posible cierre definitivo sería una "lástima", ya que el negocio representa una "gran oportunidad" para atraer a una nueva familia que revitalice el pueblo. Verge destaca que Planoles es un lugar atractivo para vivir, con servicios como escuela, guardería, fibra óptica y estación de tren, lo que ha permitido sumar 50 nuevos vecinos en tres años. Sin embargo, la escasez de pisos asequibles frena un crecimiento mayor. "Volvemos a tropezar con la misma piedra", lamenta el alcalde.

Actualmente, el municipio tiene sobre la mesa 38 proyectos de viviendas, pero la mayoría están atascados o tienen plazos de ejecución de entre tres y cinco años. Entre ellos, un edificio de seis pisos propiedad de la Sareb que fue ofrecido a la Generalitat sin obtener respuesta. "Todo es lentísimo y tú dile a un joven o a los propietarios del horno que se esperen cinco años más para que se desencalle", denuncia Verge, frustrado por la parálisis administrativa.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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