La vida junto al ‘Mural del Beso’ de Barcelona que enfrenta a los vecinos: "no podemos más"
El icónico fotomural de la plaza de Isidre Nonell se ha convertido en un foco de masificación, ruido e inseguridad que desespera a una parte de los residentes

Montse Mateu es vecina del barrio y nos cuenta su experiencia
Barcelona - Publicado el
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Lo que nació como una obra de arte efímera para conmemorar el tricentenario de la caída de Barcelona en 1714 se ha convertido en una fuente de conflicto permanente para los vecinos de la plaza de Isidre Nonell, en pleno barrio Gótico. El mural "El mundo nace en cada beso", creado por el fotógrafo Joan Fontcuberta con miles de fotografías enviadas por ciudadanos, es hoy uno de los puntos más visitados y fotografiados de la ciudad. Sin embargo, para una parte de los residentes, este éxito se ha traducido en una convivencia insostenible marcada por el ruido, la masificación y la inseguridad. La situación ha llegado a tal punto que algunos de ellos piden abiertamente su traslado.
Un calvario de ruido y masificación
La vida diaria se ha vuelto "un calvario" para algunos de los vecinos que viven en los edificios colindantes al mural. La plaza, antes un remanso de paz, es ahora un escenario constante de ruido y aglomeraciones. "Durante el día, es un no parar. No se puede descansar", lamenta una residente. La principal queja es el griterío continuo de los grupos de turistas que se fotografían. "El grito de una persona que se está fotografiando te perturba. No puedes escuchar música tranquilamente porque el sonido de fuera lo invade todo", explica esta misma vecina, describiendo una contaminación acústica que altera por completo la vida doméstica.
Pedimos al Ayuntamiento que, por favor, lo traslade"
Esta masificación no solo afecta a la tranquilidad, sino también a la movilidad. La multitud que se concentra para tomar una foto del mural dificulta enormemente el simple acto de entrar o salir de casa. "Cuando sales, te puedes caer, porque la multitud te arrastra. Si vas con un carrito de bebé, tienes que pedir permiso para poder pasar", relata una afectada. Los problemas se extienden a las familias con niños, quienes tienen "pánico" a la hora de salir por la dificultad de atravesar la plaza. La frustración ha llevado a una petición directa: "Pedimos al Ayuntamiento que, por favor, lo traslade". Consideran que el contexto actual "no tiene nada que ver" con el espíritu con el que se creó en 2014.
La sombra de la inseguridad
Al ruido y la aglomeración se suma un problema que preocupa todavía más a los residentes: la inseguridad. La alta concentración de turistas ha atraído a delincuentes que aprovechan cualquier descuido para actuar. Una vecina recuerda un episodio especialmente violento: "Hace poco robaron a una señora asiática su reloj. Fue horrible, los gritos fueron tremendos y tuvo que venir la policía. Se montó un escándalo impresionante". Este tipo de sucesos ha incrementado la sensación de vulnerabilidad entre el vecindario, que siente que el mural se ha convertido en un imán para los ladrones.
No roban al local, su objetivo es el turista"
Otro residente va más allá y señala la presencia de grupos organizados que operan en la zona con total impunidad. "Tenemos que aguantar a unos quince personajes que están aquí cada mañana. La Guardia Urbana sabe perfectamente quiénes son", denuncia. Describe un modus operandi claro: "Hay un señor en bicicleta que está aquí cada día, pero no es el único. Se aprovechan de los turistas que están distraídos". Este vecino está convencido de que los delincuentes tienen un objetivo muy definido y que el problema está directamente ligado al modelo turístico de la zona. "Es un tema grave a nivel de turismo. No roban al local, su objetivo es el turista", sentencia con resignación.

Desde el Hotel que hay en la misma plaza del Mural del Beso, cuentan también la situación en la que se encuentran por la escasa seguridad que hay en la zona
Una visión más amable del fenómeno
No todos los vecinos, sin embargo, comparten esta visión negativa. Hay quienes ven el mural como un elemento enriquecedor para el barrio. "A mí personalmente, que soy vecina de este barrio desde hace más de veinticinco años, no me molesta especialmente", asegura otra residente. En su opinión, a pesar de la gente que se acumula, el fenómeno es "muy ordenado" y "no impide el tránsito" de manera significativa. Para ella, el mural cumple una función positiva al atraer visitantes que, de otra forma, quizás no pasarían por esa zona.

Reyes, es otra vecina del Mural del Beso y cuenta su experiencia
Esta vecina defiende que la obra de Fontcuberta es "una manera de que la gente conozca el barrio y de aproximarse a admirar algo que es muy particular y original". Su perspectiva ofrece un contrapunto a las quejas mayoritarias y evidencia la compleja dualidad de vivir junto a un icono turístico de fama mundial. Mientras para unos es un motor de dinamización cultural y social, para otros se ha convertido en el epicentro de una pesadilla diaria que enfrenta la vida vecinal con la presión del turismo masivo. La polémica está servida en la plaza de Isidre Nonell, con dos visiones irreconciliables de un mismo beso.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



