Salir de trabajar y no tener cómo volver: el gran agujero del transporte público en Cantabria
Millones de viajeros en los grandes ejes contrastan con valles donde hay tres autobuses al día. La coordinación y los horarios, claves del debate
Santander - Publicado el
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El transporte público en Cantabria no es un sistema marginal. Las líneas de Cercanías superaron el año pasado los cuatro millones de viajeros en la comunidad, mientras que el transporte urbano de Santander registró más de veinte millones de usuarios, su mejor cifra histórica. Donde hay densidad de población y frecuencia suficiente, el sistema funciona.
El problema aparece cuando se sale de esos grandes ejes.
En distintas zonas del interior, de la costa occidental o de los valles pasiegos, la oferta se reduce considerablemente. Hay corredores donde apenas existen tres expediciones diarias. Tres oportunidades para organizar la jornada laboral, los estudios o una cita médica. Si el horario no encaja, la alternativa suele ser el coche.
Pensemos en una estudiante que vive en Potes y cursa carrera en Santander. Con tres autobuses al día, cualquier cambio en el horario académico puede obligarla a depender de un vehículo privado o a buscar alojamiento fuera. Pensemos también en una persona mayor que reside en Soba y tiene consulta médica fuera del valle. Si pierde una de las salidas disponibles, puede perder la cita. O en un trabajador de hostelería en Comillas con turno partido que termina su jornada a las once de la noche y encuentra que el último servicio ya ha pasado.
No son historias concretas, pero reflejan situaciones plausibles que ilustran una realidad territorial.
El eje central también tiene límites
Podría pensarse que el problema se concentra exclusivamente en zonas rurales, pero incluso el eje Santander–Torrelavega presenta carencias. En este corredor existen tres modos de transporte: tren de ancho métrico, tren convencional y autobús interurbano. Sin embargo, los últimos servicios finalizan en torno a las diez o diez y media de la noche en ambos sentidos.
Eso significa que quienes trabajan en horarios prolongados, salen del hospital en horario nocturno o desarrollan actividades más allá del horario de oficina encuentran dificultades para regresar a casa sin coche.
Javier Polanco, presidente de la Mesa de Movilidad de Torrelavega, explica que la cuestión no pasa necesariamente por multiplicar líneas, sino por garantizar una oferta coordinada y suficiente que cubra las necesidades reales de la población. A su juicio, asegurar servicios hasta medianoche en días laborables entre los principales núcleos de población sería un avance significativo.
Coordinación frente a cantidad
Uno de los puntos centrales del debate es la falta de coordinación entre operadores y administraciones. Autobuses y ferrocarril dependen de estructuras distintas y, en muchos casos, los horarios no están sincronizados. Esto provoca que el usuario tenga que asumir largos tiempos de espera o que determinados enlaces sean poco prácticos.
Polanco plantea la necesidad de reforzar la intermodalidad y crear lanzaderas que conecten municipios pequeños con nodos mejor comunicados. Por ejemplo, establecer servicios frecuentes entre localidades de Liébana y puntos de enlace ferroviario o comarcal, de modo que el viaje se articule en varias etapas bien coordinadas en lugar de depender de una única línea con escasa frecuencia.
Según defiende, el problema no es únicamente económico. Muchas de las mejoras posibles están relacionadas con planificación y gestión, más que con grandes inversiones.
Una comunidad dispersa
Cantabria cuenta con una población distribuida en numerosos núcleos pequeños y una orografía compleja. Esta realidad dificulta la implantación de servicios de alta frecuencia en todo el territorio y encarece la prestación del servicio en áreas de baja densidad.
Tren de Cercanías habilitado para bicis
Sin embargo, existen herramientas que podrían ampliarse, como el transporte a demanda en valles con población dispersa o la optimización de rutas ya existentes, siempre dentro del marco normativo. También se plantea la creación de un consorcio autonómico de transporte que permita coordinar planificación y horarios entre administraciones y operadores.
Movilidad y cohesión territorial
El debate trasciende el ámbito estrictamente del transporte. La posibilidad de desplazarse sin vehículo propio influye en la igualdad de oportunidades, en el acceso al empleo y a los servicios públicos y en la lucha contra la despoblación.
Foto de archivo del interior de un autobús
Cuando el transporte público no encaja con la vida laboral o académica, el coche deja de ser una elección para convertirse en una necesidad. Esto afecta especialmente a jóvenes sin carnet, personas mayores o familias con recursos limitados.
Cantabria ha demostrado que donde hay frecuencia y densidad, el transporte público es utilizado de forma masiva. El reto está en extender esa funcionalidad al conjunto del territorio y garantizar que la movilidad no dependa exclusivamente del código postal.
Salir de trabajar y no tener cómo volver no debería formar parte de la normalidad. El debate sobre el transporte público en Cantabria gira, precisamente, en torno a cómo evitar que esa situación siga produciéndose.