Cáritas Diocesana de Santander denuncia la precariedad que sigue existiendo en el sector del empleo doméstico

Son frecuentes los empleos sin contrato, el incumplimiento de horas pactadas o el pago de salarios por debajo del mínimo legal

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Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

4 min lectura

El Programa de Empleo de Cáritas Diocesana de Santander acompañó el pasado año a 131 personas, de las que 88 culminaron el proceso diseñado para mejorar su empleabilidad, la mayor parte mujeres migrantes en busca de un trabajo en el sector doméstico.

Aprovechando la celebración este jueves del Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, Cáritas quiere denunciar el círculo vicioso en que se encuentran muchas de estas mujeres que, bien por no tener permiso de trabajo o bien por la necesidad de obtener ingresos para subsistir, se ven obligadas en muchas ocasiones a aceptar condiciones laborales totalmente precarias.

“Escuchamos testimonios de mujeres que llegan hasta nuestras oficinas y nos cuentan que trabajan sin contrato, cobrando salarios muy por debajo de lo que marca la ley, soportando una carga de trabajo enorme y, en el caso de las internas, sin que se respeten sus horas de descanso”, explica Sagrario Sierra, técnico de empleo de la entidad.

El Programa de Empleo de Cáritas lucha por evitar esos abusos. Todos los contratos que se cierran gracias a su mediación garantizan el cumplimiento de los derechos laborales de los trabajadores. Sierra explica que como el de empleada de hogar o interna es un trabajo que se desarrolla en el ámbito doméstico no resulta fácil conocer la realidad del día a día de estas mujeres y ellas no suelen hablar porque tienen miedo de perder su puesto de trabajo y quedarse sin esos ingresos que les resultan imprescindibles. “Cuando descubren sus derechos, muchas se sorprenden. Hay veces que relatan auténticas condiciones de esclavitud. Aquí vino una mujer que había estado trabajando como interna en Santander durante tres años sin tener ni un día libre. Pero, sin ser algo tan extremo, es habitual que trabajen sin contrato, superando el número de horas fijado y cobrando salarios muy reducidos”.

Testimonios

Gloria Isabel es una de esas mujeres que han pasado por el programa de empleo de Cáritas. Llegó a España hace 15 años con un contrato de trabajo y había estado interna en dos casas cuando se quedó en paro y sin ingresos de ningún tipo. En Cáritas recibió el apoyo de los profesionales del programa de empleo. Realizó entrevistas, participó en talleres y cursos y, finalmente, con la mediación de la entidad, consiguió un nuevo empleo en el que lleva poco más de un año.

“Yo tengo contrato y condiciones dignas, por fortuna siempre ha sido así, pero conozco a muchas compañeras que viven situaciones muy precarias. Una amiga colombiana necesita ahora renovar su tarjeta, pero en la casa donde trabaja no le quieren hacer contrato y le pagan una miseria que es lo único que tiene para sostener a su familia. Si lo deja, no sabe si encontrará otra cosa y si sigue ahí, no le van a renovar la tarjeta. Son situaciones muy difíciles”, explica Gloria Isabel.

Programa de empleo

El Programa de Empleo de Cáritas trabaja para mejorar las condiciones de inserción laboral de las personas más vulnerables ofreciendo apoyo y formación individualizada a cada una de ellas. Durante el pasado año atendió a 131 personas de las que 88 realizaron todas las actividades propuestas para mejorar sus habilidades en la búsqueda de empleo. Prácticamente la mitad de las que terminaron el proceso formativo pertenecían al sector doméstico (41).

El proceso diseñado por Cáritas Diocesana de Santander comienza con una entrevista personal que permite, entre otras cosas, conocer las formación, habilidades e intereses de cada uno y diseñar así un itinerario formativo adecuado a través de cursos propios y otros impartidos por distintas entidades o la propia administración. También se incluyen talleres de motivación, de autoestima y de aspectos generales como el manejo de las nuevas tecnologías, la prevención de riesgos laborales, igualdad o nociones básicas sobre derecho laboral. “El Proyecto tiene una doble finalidad. Por una parte, mejorar su empleabilidad a través de las diferentes acciones formativas y, por otra, ofrecer una oportunidad de empleo desde nuestro servicio de intermediación. A lo largo del pasado año contactamos con 44 empresas y estamos trabajando con el fin de ampliar el abanico de sectores de inserción para las personas que llegan hasta nuestras instalaciones en la calle Rualasal, 5”, explica Sagrario Sierra.

El año pasado se firmaron 23 contratos gracias a la intermediación de Cáritas. No todos en el sector doméstico, también en hostelería, comercio o limpieza. El valor añadido que este programa de empleo ofrece es que conoce a fondo a todas las personas con las que trabaja. “No somos una ETT ni una agencia de empleo al uso. Conocemos a cada una de las personas con las que trabajamos. Están con nosotros entre uno y dos meses, participado en actividades de grupo, en entrevistas personales, en cursos específicos y, por eso, cuando presentamos un candidato a un puesto de trabajo concreto, estamos seguros de que va a encajar en la oferta. Ese es un plus que las empresas y los empleadores valoran mucho”, añade Sierra.

De las 88 personas atendidas el año pasado dentro de este proyecto, 60 eran mujeres, de las que 41 buscaban empleo en el sector doméstico. Por medio de la intermediación de Cáritas encontraron empleo 23 personas (14 mujeres y 9 hombres).

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