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El Papa Luna, siempre en sus trece

El origen de la expresión "mantenerse en sus trece" o "estar en sus trece" se remonta al Cisma de Occidente

Papa Luna

Escultura del Papa Luna en Peñíscola / wikipedia

ANNA ABADZARAGOZA

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 07 jun 2021

Los aragoneses tienen fama de cabezotas y como buen aragonés, Benedicto XIII mucho tuvo que ver en que se extendiera esta creencia. El conocido como "Papa Luna" era tan testarudo que de él y de su negativa de renunciar al papado de Avignon procede la expresión "estar en sus trece".

Todo se remonta al Cisma de Occidente. La iglesia católica estaba dividida en dos sedes papales: una en Avignon, Francia; y otra en Roma. En 1377 y tras la muerte del papa Gregorio XI, la sede francesa eligió como nuevo papa a Clemente VII mientras que la sede italiana se decantó por Urbano VI. Don Pedro de Luna, el "Papa Luna", fue fiel consejero y seguidor de Clemente VII por lo que tras el fallecimiento del papa elegido por la sede de Avignon, fue el aragonés quien ocupó su cargo pasando a ser conocido como Benedicto XIII desde 1394. Mientras en Roma, Urbano VI dejó paso a Bonifacio IX.

Las aproximaciones de los turcos a Europa requerían de unidad y cada vez eran más las voces que se alzaban a favor de volver a unificar los papados en Roma. ¿Cómo se podía solucionar este conflicto? Inglaterra, Francia y Castilla propusieron un "ni para ti, ni para mi". Elevaron la petición de que tanto Gregorio XII (sucesor de Bonifacio IX) como Benedicto XIII, el Papa Luna, dimitiesen de sus cargos y se nombrase un nuevo papa que volviese a encarnar la figura de unión del cristianismo. Con el Concilio de Pisa se eligió a este nuevo papa: Alejando V.

La sorpresa llegó cuando ni Gregorio XII ni mucho menos Benedicto XIII se mostraron dispuestos a renunciar a su cargo en virtud de Alejandro V. Así, la iglesia llegó a tener tres papas. Pronto Juan XXIII sucedió en el cargo a Alejandro V.

LA RESOLUCIÓN DEL CONFLICTO

La resolución de este conflicto se encaminó en el Concilio de Constanza en 1414. Allí los tres papas debían renunciar a sus cargos para que se nombrase un único suceso: Martin V. No hubo problemas con Juan XXIII y Gregorio XII que entendieron la necesidad de que la iglesia permaneciese unida y dimitieron. Sin embargo, Benedicto XIII se negó a renunciar.

Él estaba seguro que el papado le pertenecía. El palacio en el que se encontraba en Avignon llegó a ser asediado, pero ello tampoco sirvió para que el Papa Luna depusiera su actitud. Para entonces, Benedicto XIII ya era conocido como en "antipapa" y perdió el apoyo político de Francia. Todo ello no le hizo renunciar a su convicción de que él era el verdadero papa. Una testadurez que ha servido para que haya llegado hasta nuestro días la expresión "mantenerse en sus trece" en referencia al número que acompañaba su nombre papal: Benedicto XIII.

Gracias a la ayuda de Aragón, el Papa Luna consiguió escapar sano y salvo del asedio a Avignon y pasó el resto de sus días en el Castillo de Peñiscola convencido de que él era el legítimo papa.

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