El glaciar de Monte Perdido agoniza y revela la aceleración del cambio climático en el Pirineo

La monitorización científica confirma la pérdida de dos tercios de su volumen en un siglo y alerta de que los glaciares pirenaicos están en su fase final

IPE

Imagen del glaciar de Monte Perdido en 2023

Anna Abad

Zaragoza - Publicado el

3 min lectura

La monitorización científica del glaciar de Monte Perdido ha confirmado su rápido e inequívoco retroceso durante las últimas décadas. Esta icónica masa de hielo, la tercera en extensión del Pirineo, ha perdido aproximadamente dos tercios de su volumen en poco más de un siglo y su lengua glaciar se ha retraído decenas de metros ladera arriba, un testimonio visible del impacto del calentamiento global en la alta montaña. Estos datos, que alertan de una situación crítica, proceden de las mediciones realizadas por el grupo Cryopyr del Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC), en colaboración con investigadores de la Escuela Politécnica Superior de Huesca de la Universidad de Zaragoza.

Un retroceso acelerado

Las campañas de seguimiento más recientes han arrojado resultados especialmente preocupantes. Según fuentes de la Fundación Ibercaja, que apoya el proyecto, los últimos años se han caracterizado por ser muy cálidos y con escasa acumulación de nieve invernal. Esta combinación ha provocado balances de masa fuertemente negativos, acelerando un deshielo que ya se considera irreversible en el contexto climático actual.

Los científicos han documentado un proceso creciente de fragmentación del hielo en el glaciar de Monte Perdido. Este fenómeno se manifiesta con la aparición de islas de hielo desconectadas de la zona principal de acumulación y una mayor presencia de hielo fósil muy degradado, que ofrece menor resistencia a la fusión. La comunidad científica considera que los glaciares pirenaicos, con pérdidas de espesor que en algunos puntos superan los tres o cuatro metros en un solo verano, se encuentran en su fase final.

Tecnología de vanguardia para medir el deshielo

Para llevar a cabo este exhaustivo seguimiento, los investigadores combinan técnicas de campo tradicionales con herramientas tecnológicas de última generación. Entre ellas, destaca el uso de drones equipados con cámaras de alta resolución y sensores térmicos. Estos dispositivos permiten obtener modelos digitales de elevación con una precisión sin precedentes, facilitando la comparación anual de los cambios en la superficie y la forma del glaciar.

Glaciar de Monte Perdido en el año 1981

La eficiencia de esta nueva tecnología es notable: en menos de una hora es posible recopilar información que antes requería más de una jornada completa de trabajo sobre el terreno. La Fundación Ibercaja ha sido clave en esta modernización al contribuir con la adquisición de un dron de última generación que ha optimizado drásticamente las tareas de medición y seguimiento de esta masa de hielo.

Un laboratorio natural bajo presión

El glaciar de Monte Perdido se ubica en la cara norte del macizo, entre los 2.700 y los 3.200 metros de altitud, dentro del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Al ser uno de los pocos glaciares que todavía perviven en la cordillera, se ha convertido en un laboratorio natural de gran valor para estudiar los efectos del calentamiento climático en la alta montaña del sur de Europa. Su estado crítico es un indicador directo de la incompatibilidad del clima actual con la existencia de hielo glaciar a largo plazo en la cordillera.

Los datos recogidos por el grupo Cryopyr no solo sirven para documentar la desaparición de los glaciares, sino que se integran en informes periódicos y en proyectos internacionales dedicados al estudio del cambio climático. Esta información es fundamental para comprender las transformaciones que están sufriendo los ecosistemas más sensibles de nuestro planeta y anticipar sus consecuencias.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.