La cara B de la gran nevada: así gestionan las estaciones de esquí mantos de nieve de más de dos metros
El temporal deja espesores récord en el Pirineo y obliga a un intenso trabajo de control de aludes para garantizar la seguridad de los esquiadores
Jaca - Publicado el
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Las intensas nevadas de los últimos días han dejado un panorama idílico en las estaciones de esquí del Pirineo Aragonés, que encaran el mes de febrero con una cantidad de nieve "mejor imposible". Sin embargo, detrás de esta estampa se esconde un intenso trabajo técnico para manejar acumulaciones que superan los dos metros. Andrés Pita, subdirector general de Astún, explica cómo se gestiona un temporal de estas características para garantizar la apertura y, sobre todo, la seguridad.
A pesar de que los pronósticos eran peores, la jornada se ha presentado "bastante decente", permitiendo la apertura de 44 kilómetros esquiables entre Astún y Candanchú. Los espesores se sitúan entre el metro y medio y los 2,5 metros, con 40-50 centímetros de nieve nueva caídos en las últimas 24 horas. Pita advierte, no obstante, de que el riesgo de avalanchas es fuerte y recalca la importancia de "no esquiar fuera de pistas" y tener "mucho cuidado por las zonas no controladas".
Un trabajo contra los elementos
Gestionar tal cantidad de nieve caída en tan poco tiempo, a menudo acompañada de viento, es una tarea compleja. "Nos obliga a trabajar más, con la maquinaria de pistas, con toda la limpieza de accesos, parking y carretera que nos toca", detalla Pita, quien asegura que están preparados para ello. Sin embargo, la máxima prioridad es siempre la prudencia, porque "la seguridad es lo primero".
La seguridad es lo primero"
Por este motivo, a veces se mantienen cerradas ciertas partes de la estación, no por falta de trabajo, sino porque es necesario "dejar que la nieve repose" y se estabilice en las zonas más expuestas. Esta decisión, aunque pueda generar incomprensión, es fundamental para prevenir cualquier incidente en las pistas.
Provocar aludes de forma controlada
Una de las labores más cruciales y desconocidas para muchos usuarios es el desencadenamiento preventivo de avalanchas. "Es el pan de cada día nuestro y es lo que hacemos y sabemos hacer", afirma el subdirector de Astún. Esta tarea consiste en provocar pequeños aludes de manera controlada para descargar las laderas y asegurar el dominio esquiable antes de la apertura al público.
Esta labor se ve a veces comprometida por la presencia de personas en zonas prohibidas. Pita hace un llamamiento a la responsabilidad de los esquiadores de travesía o caminantes que se adentran en la estación cuando está cerrada, ya que impiden realizar las detonaciones. "El sábado pasado no pudimos abrir, aunque fuera un poco más tarde, pues porque había gente de esquí de travesía y, claro, si hay gente no podemos disparar".
Si hay gente no podemos disparar"
Cuatro métodos para asegurar las laderas
Para este desencadenamiento controlado, las estaciones emplean principalmente cuatro sistemas. Los Gases son instalaciones fijas que se detonan a distancia en corredores de aludes conocidos. También se utiliza el Avalancheur, un cañón que dispara explosivo plástico a puntos cartografiados donde se acumula nieve.
A estos se suman las cargas manuales, que los pisteros lanzan "como si fueran una granada" en zonas concretas, y el sistema Daisy Bell, que va instalado en un helicóptero y permite una mayor movilidad. Estos métodos son la clave para poder ofrecer un dominio esquiable seguro tras grandes nevadas.
Aunque la cantidad de nieve de este año pueda parecer excepcional tras dos inviernos más secos, Pita matiza que "entra dentro de lo normal" y que ya han vivido "inviernos duros" similares recientemente. Con la nieve garantizada para la temporada, ahora solo queda una preocupación: "Somos como los agricultores, siempre estamos mirando al cielo", confiesa, y concluye que ahora "rezamos porque salga el sol".
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.