Javier Zambrana, carpintero: "Cueste lo que cueste, tienes que dejar tu trabajo bien hecho siempre. Aunque nos cueste la salud"

El carpintero malagueño narra su trayectoria profesional, desde sus inicios autodidactas hasta su regreso al oficio para formar equipo junto a su pareja, Mónica

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Javier Zambrana, carpintero

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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Javier Zambrana, carpintero de Málaga, representa la pasión por el oficio heredada y forjada a base de prueba y error. Autodidacta desde joven, aprendió observando a su abuelo, quien era aficionado a la madera. “Nunca he trabajado para nadie en esto”, confiesa, recordando cómo empezó haciendo casilleros para pájaros y vendiéndolos en una pajarería para ganar algo de dinero mientras estudiaba.

De la tienda al yate y el desgaste

Con solo 22 o 23 años, la pareja montó su primera tienda de puertas y armarios en 2002, un negocio que mantuvieron durante una década. Mientras Mónica se encargaba de la tienda y los presupuestos, Javier se dedicaba a la instalación. “Trabajamos muy duro”, recuerdan sobre aquellos años de volumen de trabajo y competencia con grandes superficies.

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Yate retenido

El punto de inflexión llegó en 2012 con el interior de un yate, un proyecto que, aunque exitoso, le costó la salud. “Me costó un problema de salud y en ese momento dije, si tengo que hacer esto para hacer algo diferente y poder ganar algo más de verdad, no me renta”, explica Javier. Ese desgaste le llevó a abandonar la carpintería y probar suerte en la compraventa de coches.

Todo lo que entre nosotros tiene que salir bien, aunque nos cueste la salud"

Javier Zambrana

Carpintero

El regreso al oficio: empezar de cero

Sin embargo, la vocación por el oficio nunca desapareció. “Yo era carpintero, siempre lo echaba de menos”, admite. En 2019, decidieron cerrar el negocio de coches y Javier retomó la carpintería, esta vez empezando de cero, sin su antigua cartera de clientes y poco antes de que estallara la pandemia.

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Un carpintero realiza trabajos con una máquina cortadora

Poco después, en 2020, Mónica se unió a él en las instalaciones. La idea inicial de Javier de trabajar solo no le convencía: “Yo solo, esto no mola”, le dijo. La propuesta de Mónica fue clave para profesionalizar su imagen con uniformes y una identidad corporativa, marcando el inicio de su exitosa etapa como equipo de montaje.

El equilibrio de trabajar en pareja

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Javier y Mónica, de Zambrana Espacios

Trabajar juntos se ha convertido en su mayor fortaleza. “Es que yo no podría trabajar ya con otra persona”, afirma Javier, quien describe a Mónica como su “estabilizador biológico”. Ella sabe leer sus momentos de estrés y calmar la situación: “Mónica me mira y me dice ‘ya vale, no’, y ya me agacho, me voy para otro lado y luego vuelvo y lo hago”.

Su filosofía se basa en la calidad y la transparencia con el cliente para que la experiencia sea perfecta. “Todo lo que entre a nosotros tiene que salir bien, aunque nos cueste la salud”, subraya. Esta dedicación les ha permitido centrarse en proyectos más personalizados y viviendas completas, donde se sienten “como en casa”. “Decirte un cliente cuando llegas a su casa, ‘es que esto no es lo que yo me esperaba’, eso es como si te dieran ya”, comenta sobre la importancia de que el cliente sepa exactamente lo que va a recibir.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.