OPINIÓN

Ad Libitum con Javier Pereda. Hoy: Remontada

00:00

Redacción COPE Jaén

Jaén - Publicado el - Actualizado

4 min lectura

La emocionante final que protagonizó Rafael Nadal en el estadio Rod Laver de Melbourne, trasciende el ámbito deportivo y se convierte en un ejemplo para afrontar la vida. Después de seis meses lesionado en el escafoides del pie izquierdo —sin solución médica—, volvía a competir tras recuperarse de la enfermedad de Müller-Weiss, que afloró cuando tenía 19 años. Desde entonces, siempre ha convivido con el dolor que produce esta enfermedad degenerativa, corregida con unas zapatillas y plantillas especiales, para descargar el apoyo. Esta modificación de la pisada le ha causado al jugador de 35 años la inflamación del tendón rotuliano (síndrome de Hoffa), las caderas y la espalda; también padece del psoas-iliaco y ha pasado el coronavirus. Con este historial de lesiones del mejor deportista español de la élite mundial, habrá rondado por su cabeza una retirada a tiempo. Sus seguidores entenderían que volver a competir ya supondría una hazaña, y se mostrarían indulgentes si no ganaba en la capital del estado de Victoria. Pero hete aquí que, sobreponiéndose a los obstáculos, disputó al ruso Daniil Medvedev —diez años más joven— la final de este Grand Slam.

El pasado domingo por la mañana, intuí que el partido se alargaría a cinco juegos, por lo que decidí ver el desenlace; eso sí, con el alma en vilo pendiente a diecisiete mil kilómetros. Como no podía resistir la incertidumbre, cada cierto tiempo consultaba el resultado. El primer set se decantó a favor del moscovita que, con casi dos metros y saques de 240 km/h, consiguió un tanteo de 2-6, lo que indicaba su indudable calidad; el segundo juego parecía que lo iba a igualar el manacorí, pero un 5-7 apuntaba malos augurios. Todo hacía presagiar un paseo militar del soviético, con sus inapelables 23 saques directos. Pero en los momentos imposibles aparece el balear, levantándose, sin rendirse, presentando batalla en la tercera manga con un 6-4. Entonces Rafa hace uso de la mejor arma que le caracteriza: su fortaleza mental para sobreponerse al sufrimiento, a la exigencia y las dificultades. Los algoritmos, en ese momento, concedían al mallorquín sólo un 4% de probabilidades para la remontada. Pero con respeto al adversario, concentrado en cada punto, con confianza en sí mismo, controla el “timing” del encuentro e iguala la eliminatoria con otro 6-4. Su escenario preferido pasa por largos y agónicos juegos que los disputa con incansable espíritu maratoniano; se siente cómodo ante la exigencia y el sufrimiento extremo hasta doblegar al adversario, como así resultó en el último 7-5. Durante las 5 horas y 24 minutos Rafael Nadal ha brindado a los cinco continentes una lección magistral de cómo acometer los retos, sin desanimarse, con perseverancia, reinventándose, peleando cada bola como la única. Es el tenista de los 13 Roland Garros —el rey de la arcilla en París—, 4 US Open en Nueva York, 2 Wimbledon en Londres y 2 Abierto de Australia; además, dos oros olímpicos en Pekín y Río, 5 Copas Davis, 36 Masters y en total 90 trofeos. Con el 21º Grand Slam conseguido supera al helvético Roger Federer (40 años) y al serbio Novak Djokovic (34 años).

El de Manacor representa a uno de los mejores embajadores de la marca España en el planeta. Hasta el mismo Vladimir Putin se ha rendido ante este triunfo épico, al vencer de forma tan espectacular al ídolo de su país. Especial mención merece su sincero amigo Federer, con quien mantiene una sana rivalidad deportiva: “Estoy orgulloso de compartir esta época contigo y me siento honrado de haber desempeñado un papel que te impulsa a conseguir más, como tú has hecho por mí durante los últimos 18 años”. El deporte es un paradigma de la vida. Los valores que personifica Nadal —la excelencia del olimpismo: “Citius, Altius, Fortius”— presentan un alcance universal: su calidad humana, la humildad al ganar y perder, la preparación exigente, el sacrificio ante las lesiones y el inconformismo para continuar creciendo. Si hubiera 350 “nadales” en el Congreso de los Diputados, España sería la “armada invencible”. El espíritu de superación que imparte Rafael debería constituir una asignatura obligatoria —“la nadalización”— para las generaciones jóvenes, desde el seno familiar a los colegios, pasando por las universidades. Si se lograra hacer realidad el espíritu de Rafa Nadal en la vida diaria el mundo cambiaría.

Escucha en directo

En Directo COPE JAÉN

COPE JAÉN

Programas

Últimos audios

Último boletín

4:00H | 15 ENE 2026 | BOLETÍN

Boletines COPE
Tracking