
Jaén - Publicado el - Actualizado
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Había quedado con la Dama de Cubero y Culcas, el príncipe íbero del Cerrete de los Lirios. La pareja de moda en Jaén para ver encerrarse la procesión de la Virgen de la Capilla. Una vez que hubimos Cantado el “Himno a Jaén”, se empeñaron en invitarme a unas cañas por San Ildefonso.
Les pregunté por los preparativos de la boda. Me contestaron que un festejo sencillo con unos pocos amigos. “¿Qué queréis de regalo?”. Sonrieron. Que lo dejaban a mi mejor criterio. “A lo mejor puedes dedicarnos unas divinas palabras”. Contesté que últimamente eran protagonistas habituales en COPE Jaén, pero que contaran con ello. “Cuando haya pasado todo este lío de la alcaldía, porque hasta entonces hay tarea. Por cierto, a ti que te gustan tanto las etimologías, ¿sabes de dónde viene negociar”. Repuse que un servidor era de clásicas, pero que les concedía el honor de ilustrarme.
“Negociar -comenzó Culcas- viene del latín negotium, que a su vez es un compuesto de nec y otium. Lo que no es ocio. El trabajo. O el interés. Me parece que las conversaciones para dilucidar quién es el alcalde versan sobre el negocio de cada cual, intereses partidistas por encima del bien de la ciudad. Quienes se queden sin la vara de mando, se apuntan a un “otium” indeseado. Cuatro años sin catar ni poder ni prebendas. Jefe, por favor otras tres Alcázar Leyenda”.
“Como bien recordarás -continuó la Dama de Cubero- había en la fachada las cabezas de dos caballos. Se enteraban de todo. Luego me lo contaban. Se llevaban bien entre ellos los Caballos de Cubero. Te cuento la razón. Tenían una sola fidelidad: Jaén. Lo demás los traía al pairo. Algunas noches se descolgaban para darse una vuelta por el casco antiguo. Yo creo que, al volver de madrugada, con sus vinos de El Gorrión, se cambiaban los sitios. Era incapaz de distinguirlos, ora a mi derecha, ora a mi izquierda. Siempre pensaban lo mismo; que ascendiera el Real Jaén; que inversiones; una mayor peatonalización; más árboles y fuentes. Parafraseaban a la giennense al Guerra, el torero: primero, Jaén; luego naide; y después de naide, la Dama de Cubero”.
Cuando este sábado se desvele el misterio, me acordaré de las palabras de la pareja de enamorados porque lo último que me prometieron fue que como los gerifaltes no espabilasen se echaban al monte con el Grupo Guerrillero Giennense Bernardo López García. Iban en serio y son ambos de armas tomar. Veremos, dijeron ciegos de amor.
Palabras, divinas palabras



