
Jaén - Publicado el - Actualizado
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Hace un puñado de años el periódico El País publicó en su suplemento dominical un reportaje sobre las tres capitales de provincia donde mejor y peor se vivía. Ganó, quiero recordar, Gerona. Para indignación de los giennenses nuestra ciudad fue la segunda por la cola. La penúltima en cuanto a calidad de vida. El culo de España. Ha de suponerse que los periodistas estudiaron la renta per cápita, número de plazas de hospital por habitante, comunicaciones… Bajo esos parámetros no había color. Además, por aquel entonces Jaén todavía no tenía Universidad. Pues eso, los últimos.
A mí, como a cualquier paisano, me dolió la clasificación. Intenté verle el beneficio estoico en forma de vacuna frente a nuevas estadísticas. En consecuencia, cada vez que la prensa local anuncia los datos del paro o de cualquier otro índice socioeconómico, en los que indefectiblemente seguimos en el furgón de cola, sólo me ataca una febrícula ciudadana porque la indignación ya la llevo de diario.
Tamaña, por tanto, fue mi sorpresa cuando consulté los resultados de una encuesta sobre la frecuencia sexual de los españoles. En lides eróticas somos medallas de bronce. Los terceros. Ole ahí la libido de mis convecinos. Bien es cierto que las diferencias son mínimas. Pero ¡qué pollas!, el tercer puesto no nos lo quita nadie.
Poco duró mi gozo. El Grupo Guerrillero Giennense Bernardo López García me envió un comunicado. Afirmaba que todo era un engaña-muchachos para contentarnos. Según sus estudios la encuesta no era fiable. Se ignoraba el universo, los datos sociológicos, las preguntas de contraste. Tenían la seguridad de que las repuestas sobre el deseo carnal estaban sesgadas porque antes le habían inquirido a los encuestados, “¿en qué año entrará en funcionamiento el tranvía?”. Respuesta, “buff, cincuenta o más”. “¿La deuda del Ayuntamiento?”. “Cientos de millones”. Y claro ya crecidos, “¿cada cuánto hace el amor?”. “Todos los días de la semana”. Concluía el GGG que los resultados eran menos fiables que las promesas de los partidos políticos en campaña electoral.
Había quedado de cervezas con la Dama de Cubero y Culcas. La conversación acabó en la encuesta de marras. Algunas sonrisas y comentarios mesurados por parte de la pareja. Envalentonado yo por los botellines de Alcázar, les pregunté que ellos cada cuánto. La Dama me reprendió con un golpe de abanico mientras decía, “jovencito, no me seas insolente”. Sin embargo, a Culcas le brillaban los ojos. No, si a lo mejor resulta que de verdad somos unos campeones amatorios. ¡Aleluya!
Palabras, divinas palabras



