La Iglesia celebra el renacer de la fe en los jóvenes y alerta sobre el riesgo del "emotivismo"
En su columna semanal Ad Líbitum, Javier Pereda analiza la nota de la Doctrina de la Fe sobre el papel de las emociones en la experiencia religiosa actual
Jaén - Publicado el
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La Comisión para la Doctrina de la Fe ha publicado una nota reciente donde advierte un positivo renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada generación Z. Como analiza el columnista Javier Pereda, aunque la Iglesia valora el resurgir de las emociones en la conversión, también alerta sobre el riesgo de un reduccionismo emotivista de la fe.
El riesgo del 'siento, luego existo'
Este fenómeno, conocido como emotivismo, convierte a muchos fieles en meros consumidores de sentimientos espirituales, haciendo depender la fe de la intensidad de sus emociones. Filósofos como Alasdair MacIntyre o Zygmunt Baumann con su concepto de hombre líquido ya advirtieron de una cultura posmoderna que se deja arrastrar por la inmediatez del instante, lo que, según el profesor Juan José Pérez Soba, es "incompatible con un compromiso perdurable".
El equilibrio de los místicos
El desafío, por tanto, es hallar el equilibrio entre lo intelectivo, lo volitivo y lo afectivo en la vida espiritual. Ya en la mística española, Santa Teresa integró los arrobamientos con la noche oscura, asumiendo que la cruz es parte del camino y encontrando la paz en su célebre "nada te turbe, nada te espante". Por su parte, San Juan de la Cruz identificó esta misma realidad en sus versos: "¡Oh llama de amor viva que tiernamente hieres de mi alma en el más profundo centro!".
El corazón habla al corazón"
La importancia del corazón en la vida espiritual aleja, en palabras del Papa Francisco, tanto del "gnosticismo, un intelectualismo frío", como del "pelagianismo, la obsesión por la norma". Saint John Henry Newman, doctor de la Iglesia, lo resumió en su lema "Cor ad cor loquitur", que se traduce como "el corazón habla al corazón", porque la verdadera relación con Dios es un encuentro afectivo y personal.
El corazón de Cristo como modelo
En ese sentido, San Pablo propone los sentimientos de Jesús de Nazaret como modelo a seguir: "Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo Jesús". Estos se manifiestan en la misericordia ante la Magdalena, la compasión con los desamparados o el llanto por su amigo Lázaro, pero también en la tristeza y la angustia en Getsemaní por el abandono.
Existe el peligro mortal de vivir en la Iglesia como si Cristo no existiera"
La vida cristiana, por tanto, debe fundamentarse en una razón iluminada por la fe, que armonice la voluntad y los sentimientos. Ya lo advirtió con crudeza Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia: "existe el peligro mortal de vivir en la Iglesia como si Cristo no existiera". Al final, el sentimiento debe integrarse en una sólida formación doctrinal y una intensa vida sacramental, porque, como concluye Pereda, "la verdadera procesión siempre va por dentro".
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