El último refugio de Córdoba contra el frío y la soledad: "A este lugar le daría mil estrellas"
El centro de acogida Madre Redentor de Cáritas ofrece un techo y apoyo a 60 personas con todas sus plazas ocupadas ante las gélidas noches cordobesas

Córdoba - Publicado el
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Mientras las noches en Córdoba registran temperaturas bajo cero, el centro de acogida Madre Redentor trabaja para que nadie tenga que dormir a la intemperie. Este recurso, que forma parte del programa de personas sin hogar de Cáritas Diocesana de Córdoba, se encuentra con su capacidad al completo.
Actualmente, viven de forma semipermanente 40 personas en régimen de media y larga estancia, y otras 20 utilizan el dispositivo de baja exigencia, inaugurado en julio para personas con mayores dificultades de inclusión. El responsable del centro, José Luis Rodríguez, confirma que están "al completo", y que cuando una plaza queda libre, se ocupa de forma inmediata debido a la lista de espera.
El drama de la calle
El perfil de las personas que llegan al centro es muy variado. Según explican sus responsables, se pueden encontrar desde un joven de 18 años hasta un anciano de 80 que no ha podido hacer frente al coste de la vivienda con su pensión. "Todo lo que va fallando en la sociedad, pues va aterrizando aquí", resume Rodríguez.
La psicóloga del centro, Gema Díaz, destaca el impacto psicológico que supone vivir en la calle, agravado por las bajas temperaturas y fechas señaladas como la Navidad. Esta situación aumenta la "ansiedad, el sentimiento de abandono" y agrava las enfermedades crónicas, en un contexto donde la mayoría ha sufrido rupturas familiares.
La calle mata, no solamente mata por la temperatura, mata por otras cosas"
Director Casa de Acogida Madre del Redentor
Recuperar la confianza y la autoestima
El modelo del centro se basa en "acoger y acompañar" para que las personas recuperen su independencia, autoestima y confianza. Un equipo multidisciplinar de educadores, trabajadores sociales y psicólogos trabaja para crear un vínculo con los usuarios, un paso que consideran clave.
José Luis Rodríguez insiste en la dureza de la vida en la calle y la necesidad de que las personas se protejan en los recursos disponibles. "La calle mata, no solamente mata por la temperatura, mata por otras cosas", advierte, subrayando que "nadie debería de estar en esta situación".

Gema Díaz y José Luis Rodríguez
Historias en primera persona
Manuel, uno de los residentes, llegó al centro hace dos meses tras salir de prisión y se muestra muy agradecido por el trato "espectacular". "Estoy aquí por problemas familiares, con el tema droga, alcohol y eso", confiesa, valorando el cariño y respeto que recibe.
Rafael, otro compañero, califica el trato de "superhumano" y le daría "un millón de estrellas". Tras 20 años combinando piso con calle y los dos últimos viviendo en un cajero por graves problemas de salud, su mejoría ha sido a "pasos agigantados" desde que llegó al centro.
Él sabe bien que el frío no es lo único que duele en la calle, a veces, el desprecio duele más. "He vivido malos gestos, malos comentarios, de poner unos cartones y decir, ah, ya se ha montado el chalé", recuerda Rafael. "Eso moralmente, claro, tiene caso omiso, pero evidentemente queda marcado".
He vivido malos gestos, malos comentarios, de poner unos cartones y decir, ah, ya se ha montado el chalé"
Persona en situación de sinhogarismo



