La pastelería de 1890 que se reinventa para que nadie se quede sin roscón

Este negocio familiar de Córdoba apostó en 2013 por una línea de productos sin trazas de lactosa que se ha convertido en un referente para sus clientes en estas fechas

Toni Cruz González

Córdoba - Publicado el - Actualizado

1 min lectura

La Catalana, una pastelería con obrador en Córdoba que data de 1890, ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos reinventando por completo su propuesta. Regentado por la tercera generación familiar, este negocio ha apostado con éxito por una línea de producción completamente libre de lactosa, incluyendo sus populares roscones, que cuentan con una gran aceptación entre el público.

Fidelidad y encargos

El éxito de su propuesta se refleja en la lealtad de su clientela. "Nuestros clientes ya son de año y año, y vienen y repiten", explica María, responsable del establecimiento. La demanda es tal que todos los productos se elaboran exclusivamente por encargo, una muestra de la confianza y la planificación que rodea a este obrador especializado.

Nuestros clientes ya son de año y año, y vienen y repiten"

María

Panadería La Catalana

Una transición compleja

La decisión de eliminar la lactosa se tomó en 2013, un camino que no fue fácil. "Apostamos por eso, pasamos unos años muy malos, porque es muy complicado encontrar que no tenga traza", confiesan desde la pastelería. Esta apuesta implicó una búsqueda exhaustiva de ingredientes, como el chocolate, que adquieren en Madrid a un proveedor especializado llamado Eureka.

Garantía 'sin trazas'

Para garantizar que sus productos son aptos para personas con intolerancia a la lactosa, en el obrador no se utiliza ningún ingrediente que la contenga. "Aquí no entra nada que tenga lactosa, si no, no nos podíamos poner sin traza, que es lo importante", subraya María. Esta política de cero trazas es la clave de su diferenciación.

Aquí no entra nada que tenga lactosa, si no, no nos podíamos poner sin traza, que es lo importante"

María

Panadería La Catalana

La rigurosidad es máxima y cuentan con una persona de calidad que supervisa todas las fichas técnicas y los alérgenos. "No se cambia un producto mientras no lo supervise ella", aseguran. A pesar de esta especialización, la oferta es tan variada como la de cualquier otra pastelería, con sabores que van desde la nata y el merengue hasta el chocolate.