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Cómo afrontar la violencia adolescente en tu hijo

Nuestra falta de reacción ante determinadas situaciones, propicia que se enquisten los problemas y cuando queremos solucionarlos es demasiado tarde

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José Carlos Aranda

Redacción Córdoba - Fran DuránCórdoba

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 28 feb 2020

Nuestra falta de reacción ante determinadas situaciones que vivimos con nuestros hijos, propicia que se enquisten los problemas. Por ejemplo, la violencia adolescente. Esto provoca que cuando queremos ponerles solución, es demasiado tarde.

Se trata de un problema silenciado, por vergüenza social, pero que cada vez se está viviendo con más preocupación en las familias. En los últimos años se duplican los casos de denuncias a hijos por violencia. Hemos pasado de 2500 denuncias en 2012 a más de 5000 en 2017 y, solo en el último año, el incremento ha sido de más de un 16%.

Para el profesor José Carlos Aranda son variadas las causas, se han producido grandes cambios sociales durante las últimas décadas: la ratio de hijos es inferior al 1,3 por familia, abundan las familias con un solo hijo, han aumentado las familias desestructuradas, monoparentales, mercuriales… Pero, sobre todo, hay un gran despiste. Hemos de partir de una base cierta: el niño ama a sus padres, los padres aman a ese niño, el problema es que no saben cómo expresar el cariño, cómo relacionarse y se han forjado hábitos tóxicos de comportamiento propiciados por el carácter del niño y las prácticas familiares.

Existe un grave problema de "falta de conciliación laboral y familiar, tenemos interminables jornadas laborales y llegamos cansados a casa", asegura Aranda. Se encienden los aparatos electrónicos y desconectamos de la convivencia. Es más fácil ser permisivos que discutir. Nuestra falta de reacción ante determinadas situación propicia que se enquisten los problemas y cuando queremos acudir es demasiado tarde. La fiscalía no suele aportar soluciones válidas pero resulta el último recurso cuando la situación ya es insoportable.

DERECHOS Y OBLIGACIONES

Educamos en los derechos, pero no en las obligaciones. Se les acostumbra desde pequeños en que todo les pertenece, tampoco se les enfrenta a las consecuencias de sus actos. La falta de diálogo familiar, la falta de unas reglas de convivencia claras, la falta de responsabilidades, la falta de autoridad propician este síndrome de “niño emperador” que confunde su voluntad con la ley y no soporta la frustración y el error como parte del aprendizaje en el desarrollo de un carácter sano.

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