El motor de la Semana Santa de Córdoba se engrasa entre la tradición y el debate

Capataces, pregoneros y directores de escena desgranan el presente de una celebración que vive con intensidad los cambios y desafíos del siglo XXI en toda la provincia

Fran Durán

Córdoba - Publicado el - Actualizado

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La Cuaresma avanza y con ella se intensifican los preparativos y reflexiones en torno a la Semana Santa. En el centro de este fervor, figuras clave como los capataces Antonio Cano y David Arce analizan una labor que ha trascendido lo meramente técnico para convertirse en una compleja gestión de equipos humanos. Su testimonio revela las tensiones y evoluciones de una tradición que se debate entre la devoción y la profesionalización.

El capataz, más allá del martillo

“La gestión de una cuadrilla hoy trasciende a lo técnico y a lo cofrade para convertirse en una gestión de un equipo humano, de organización y de liderazgo”, explica Antonio Cano. Esta responsabilidad, que se extiende durante todo el año, implica una dedicación constante y una presión cada vez más anticipada por parte de las hermandades para tener calendarios y planificaciones cerradas con meses de antelación.

Antonio Cano en el centro

La gestión de una cuadrilla hoy trasciende a lo técnico y a lo cofrade para convertirse en una gestión de un equipo humano, de organización y de liderazgo"

Antonio Cano

Capataz de la Santa Faz

David Arce amplía esta visión, señalando que el trabajo cofrade ya no se limita a la Cuaresma, sino que se prolonga durante todo el año con numerosos actos y cultos. “Estamos el año entero”, afirma, describiendo una dinámica que exige un compromiso continuo para el que no siempre se cuenta con el tiempo necesario.

El debate sobre la profesionalización

Uno de los debates más complejos es el de la remuneración económica en un entorno donde casi todos los oficios (escultores, músicos, vestidores) han sido profesionalizados. A los capataces y costaleros, a quienes se les exige una profesionalidad exquisita sin contraprestación, se les considera “lo siguiente en pasar a ese lado de la profesionalidad”.

David Arce

David Arce se muestra claro al respecto, recordando que históricamente existían las cuadrillas asalariadas. “Yo no vería mal que hubiera cuadrillas en las que recibieran un salario por el trabajo que hacen”, defiende. Argumenta que ante la exigencia de las hermandades para que todo salga perfecto, “habrá que valorar el trabajo que se realiza”.

No vería mal que hubiera cuadrillas que recibieran un salario por el trabajo que hacen"

David Arce

Capataz de la Sentencia y el Descendimiento

Por su parte, Antonio Caño introduce otra variable clave: la necesidad de formación dentro del mundo cofrade para evitar la crítica gratuita. “En el mundo de las hermandades, como en tantos otros, falta formación y falta información también”, lamenta. Defiende que para valorar el trabajo de capataces, costaleros o vestidores es fundamental “ponerse en el lugar del otro”, algo que solo se consigue con experiencia y conocimiento desde dentro.

Otro punto de fricción es la exigencia de que los costaleros se hagan hermanos de la cofradía. Arce considera que a menudo es una medida de “criba” o económica que puede volverse en contra, creando un núcleo de hermanos por obligación y no por devoción. “Mi función ahí es ser bien o capataz o costalero, no hermanito”, sentencia para diferenciar su rol durante la estación de penitencia.

La Pasión vibra en los pueblos

Esta intensidad no es exclusiva de la capital, sino que se extiende por toda la provincia. En La Rambla, el pregonero de la Semana Santa, Juan Bautista, se prepara para un pregón que “va a reivindicar y a reclamar que se recuperen tradiciones que hemos dejado perder”. El también capataz destaca la impresionante cantera de jóvenes cofrades en su pueblo, donde los niños sueñan con tocar el tambor o llevar un paso.

Juan Bautista

Mientras, en Villanueva del Duque, la Pasión adquiere forma de teatro popular con la obra ‘El Nazareno, un inocente condenado a muerte’. Su director, José Caballero Mansilla, explica que la dramaturgia se aleja de la representación histórica para ofrecer una mirada contemporánea sobre el poder, el miedo y la venganza, conceptos que “siguen sin contestar” en la sociedad actual. El proyecto involucra a más de un centenar de vecinos, convirtiéndose en un motor cultural y social para el municipio, como subraya su alcalde, Miguel Granados.

Desde el debate sobre la carrera oficial de Córdoba hasta la implicación de todo un pueblo en una obra de teatro, la Semana Santa cordobesa se revela como un organismo vivo y en constante evolución. Las reflexiones de sus protagonistas demuestran que, lejos de ser una tradición estática, afronta los desafíos del presente con un profundo sentido de comunidad y una pasión que garantiza su futuro.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.