Manuel Murguía: la entrada a Riazor - Pateando A Coruña

Manuel Murguía: la entrada a Riazor

Calle Manuel Murguía. Comienza en la avenida de Buenos Aires y termina en la glorieta del Pavo Real. 42 números. 700 metros. 15011.

El Rexurdimento de la Calle J

Manuel Murguía se conocía, en los años 20, como la Calle J. Pronto, la letra única se cambió por un homenaje a todas nuestras letras. En febrero de 1923 moría Manuel Antonio Martínez Murguía,  arteixán, historiador, escritor, marido de Rosalía de Castro e impulsor del Rexurdimento gallego. Justo un año después, A Coruña acordó dedicar a este insigne vecino de San Agustín una de las nuevas vías que surgieron con la urbanización de Peruleiro. Estaba entre la avenida de la Habana o la de Buenos Aires, lugares, según se resaltaba entonces, donde Murguía había extendido la literatura gallega.

Blanco y azul

Aunque, más que por el blanco y el azul de la bandera de Galicia, esta vía es del blanquiazul deportivista. Habrá quien solo conozca a Manuel Murguía porque es por donde entra al estadio de Riazor, abuchea al bus del equipo rival o se toma la previa al partido. En bares, cómo no, con nombres como Blanco y Azul, Riazor o Estadio.

El estadio de Riazor  se inauguró en octubre de 1944, y hasta hoy marca el pulso de esta calle. De las columnatas olímpicas del proyecto de Santiago Rey Pedreira se pasó a la cubierta azul actual. El nuevo techo de Riazor genera sus filias y fobias. Todavía está lejos de la moderna bombonera planteada por las maquetas, pero al menos, ya no desprende uralita en días de temporal. 

La estatua de Juan Acuña ve como aquí el fútbol lo cambia todo durante los fines de semana, o en esas fechas caprichosas que elige la Liga. La calzada se corta para recibir las olas de aficionados: son marejadilla en Segunda y mar gruesa en Primera. Entonces, se colocan las señales de no aparcar, y los coches comienzan a ocupar todo cuanto hueco haya en el entorno, esté o no habilitado para vehículos.


Estudio y deporte

Tampoco es que sea fácil dejar estacionar en Manuel Murguía un día de diario, porque es una vía de mucha actividad. Es entrada a la Ciudad Escolar y se nota ambiente estudiantil. Los alumnos se arremolinan en las escaleras del Centro Universitario de Riazor, la antigua escuela de Empresariales, que hace esquina con la calle.

Pero lo que más abunda son las mallas y los tenis. Algo tendrá que ver que aquí estén el Palacio de Deportes, el polideportivo Agra Dos o, sobre todo, la Casa del Agua, inaugurada en 2007. El complejo de ocio, deporte y salud ocupa más de 48.000 metros cuadrados. Dejó a la ciudad huérfana de carpas para los circos pero revivió aquella tradición de las casas de baño. En su interior, un ambiente de pegajoso aire tropical para caldear el complejo de piscinas que se nutre del agua de mar, y recibir a los que vienen a las numerosas actividades y al gimnasio.

La Casa del Agua es también sede de la empresas públicas Emalcsa y Emvsa, que suministran agua y servicios a los coruñeses. De su actividad y sus retos próximos hablamos con Jaime Castiñeira, director general de Emalcsa:

La calle del bus 7

Calle con sabor a Avenida, Manuel Murguía se divide en dos por el Paseo de Ronda. A partir de ahí, muchos todavía le llaman a la manzana la Prolongación de Manuel Murguía, aunque esta zona de bulevar forme parte del conjunto. La llegada de la Tercera Ronda ha incrementado notablemente la afluencia de vehículos en la calle, convertida en una de las opciones que rivalizan con Alfonso Molina para entrar a la ciudad. En la calle del bus 7 no se puede girar a la izquierda, y hay grandes árboles y parterres privados delante de los soportales.

     

La ubicación, a un paso de la playa, es inmejorable, aunque vivir aquí es hacerlo en compañía de toda la afición del Dépor, con todo lo que ello conlleva. Hay que escoger entre comodidad y tranquilidad. 

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