¡Cuidado! Tu perro también puede resfriarse - El Dogtor

¡Cuidado! Tu perro también puede resfriarse

Con la bajada drástica de las temperaturas, los virus responsables de la gripe también pueden afectar a nuestros perros. Dicho proceso es conocido como traqueobronquitis infecciosa canina o “tos de las perreras”, debido a su alto carácter contagioso entre perros que cohabitan en colectividades tipo albergue, o que coinciden en lugares como parques o residencias.

La “tos de las perreras” es un proceso multietiológico que afecta única y exclusivamente a los caninos, independientemente de su edad, raza o sexo, pese a que es más acusado en perros con un sistema inmune más deprimido (es decir, en cachorros, perros mayores y enfermos). Es un cuadro provocado por diferentes agentes, tanto víricos (virus de la influenza y parainfluenza caninos, coronavirus, pneumovirus, herpesvirus o adenovirus canino tipo 2, entre otros) como bacterianos (Bordetella bronchiseptica, Streptococcus o Mycoplasma) que actúan de forma independiente o sinérgicamente, colonizando el aparato respiratorio.

¿Cómo se contagia? ¿Qué síntomas produce?

La transmisión de la mayoría de los agentes se produce por contacto directo, a través de la tos y secreciones buconasales de animales infectados, y en menor medida por contacto indirecto (con utensilios, ropa…). Los signos clínicos se producen entre 1 y 3 días tras la exposición, siendo el más frecuente la tos de carácter paroxístico (es decir, de inicio y final brusco) que puede exacerbarse con el ejercicio, y que puede presentarse como único síntoma (lo más normal) o acompañada de:

  • Laringitis
  • Aumento de la producción de moco en tráquea y vías respiratorias bajas
  • Expectoración blanquecina (a menudo confundida con vómitos)
  • Descarga nasal y ocular serosa, mucosa o mucopurulenta, con o sin estornudos
  • Fiebre, letargia e inapetencia
  • Dificultad respiratoria, provocada por una complicación bronconeumónica

¿Necesita tratamiento?

Normalmente no, ya que la “tos de las perreras” suele ser un proceso autolimitante, que remite en pocos días, llevando unas “sencillas” pautas de manejo: evitando, sobre todo, estados de excitación y haciendo que el perro tenga un reposo relativo durante 7 días, sin ejercicio. Además, evitar la exposición a cambios bruscos de temperatura y los baños durante este periodo. 

¿Cuándo acudir al veterinario?

Cuando existan signos sistémicos como fiebre, inapetencia, ligera depresión o dificultad respiratoria. En ese caso, podría ser necesario pautar un tratamiento con antibióticos. Los corticoides no suelen tener un efecto beneficioso, y hay que tener cuidado con administrar antitusígenos (jarabes de dextrometorfano, codeína…). Suelen ser útiles, pero presentan un inconveniente: no deben emplearse si la tos es productiva, para no eliminar el efecto beneficioso del reflejo tusígeno.

¿Lo mejor? La prevención:

Lo ideal es no exponer a un animal sano, especialmente si es cachorro, a otros animales. Si esto, por el motivo que sea, no es posible, lo mejor es la vacunación específica contra los agentes causantes de este proceso infeccioso. Si hablamos de poblaciones (refugios, perreras…) es importantísimo el mantenimiento de estrictas normas de higiene y buena alimentación.

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